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Estaba escuchando el disco The Miracle, de Queen, tranquilocho y feliz, y como la canción Breakthru siempre me hace menear los pies, busqué en el youtube a ver si había video. Pues sí:

UuUu… Y me encantó. Con lo que ya no contaba era con pinchar en el video de The Miracle y volver a verlo otras tres veces antes de poder cerrar la boca. Seguramente muchos de vosotros ya lo habreis visto, pero yo sigo flipando.

No es por desmerecer a los otros tres, pero el enano que hace de Mercury… es el puto amo.

Pincha aquí para escuchar la banda sonora del post. ¡¡Que pinches te digo!! Ej que si no, no tiene gracia. Y no la tiene con música, imagínate sin ella.

El relato que está a punto de leer está basado en hechos reales. Algunos de estos hechos han sido dramatizados para una mejor comprensión de los diferentes puntos de vista. El resto ha sido totalmente exagerado para que molara más. Y lo que quedaba, si quedaba algo, ha sido totalmente inventado. El nombre de los implicados ha sido cambiado por temor a futuras represalias judiciales. Las oraciones dejan de estar en pasiva. No es porque los implicados no fueran nadie y pudieran intercambiarse tranquilamente por cualquiera, incluido usted… Personas ordinarias en circunstancias extraordinarias. Que es la frase que siempre os encontrareis en cualquier libro de Spielberg. Siempre.

Hola, mi nombre no es tyler, pero eso es lo de menos. Recuerdo aquel jueves 16 de abril del 2009 como si fuera antes de ayer. Después de conseguir hacer cantar a aquellos extraterrestres y que contaran todo sobre el Facebook y toda la información que les estábamos dando para su futuro ataque y conquista mundial, se ofrecieron a llevarme hasta casa, pues ya era tarde. Nos despedimos bastante emocionados, ya sabeis que habíamos compartido momentos muy especiales. Antes de irse me volvieron a recordar aquello de que somos seres capaces de lo mejor y de lo peor, y me volvieron a poner el video de las bombas, las guerras, y las risas y los besitos… “Eh, vale, sí, sí, corta, ya vi Contact y Abyss y Misión a Marte. Queda claro… qué pesaos sois”. “Bueeeeeno, hala, hasta luego, ¿eh?” Encendí la tele y no había noticias fuera de lo común, otra vez había salvado el mundo y nadie se daba cuenta. Es jodido pero es lo que hay. Tenía un mensaje de la Preysler, “¿no problemo?”. “No problemo”, respondí. Me puse a roncar, que ya no eran horas. Al día siguiente, viernes, coma sempre me desperté tarde para ir al trabajo. La tele, la radio y los compañeros de trabajo, expertos mundialmente reconocidos en el campo del pronóstico meteorológico, decían que ese día llovería como nunca. La verdad, eso esperaba. Me dolía el cuello y aún encima tenía que trabajar en Cor… en Buahneno City, y como llevaba casi un año pintando libre cual pajariglio en las carreteras por el medio del monte, pues me apetecía un carajo el cambio. Y no llovía. El cielo más azul que os podais imaginar estaba ahí. Y la radio diciendo “cuidao que llueve”. Aún encima cachondeo.

Llegamos al escenario del suceso. Estadio de Riazor, más o menos, calle arriba, calle abajo. Las fans gritaban como locas y los periodistas se agolpaban alrededor del furgón. “Calma, calma” “¿Es usted el superhéroe que nos ha salvado de la invasión alienígena que estaba programada para ayer a las siete y media de la tarde?”. “No, yo pinto carreteras, mira, mira qué bonito me está quedando el ceda”. “Ah, pos es verdá”. “No olviden cuidar el medioambiente y automineralinarse y autovitamizarse”. “¡Es él!”. “¡Mierda!”. Me reconocieron, y eso que llevaba el flequillo cambiado de lado. Cuando toda la movida se fue calmando, seguía sin llover. Maldije por lo bajo (“¡¡¡MECAGÜENLAPUTA!!!”) y llamé la atención de un conocido que por allí andaba, y al que llamaremos Yastamos Jr. “Hombre, Rafa”. “Chiiist, no conozco ningún Rafa, me confunde usted”. “¿Aquéandas?¿Yanoestásenelclub?¿Porquétefuistealotro?¿Pintascarreteras?Miraquehuelemaleso,¿noacabaiscolocados? Bueno,    saludos    a    tu    prima.” “Eeeeh… sí. ¿Y tú no deberías estar en clase a estas horas? ¡Sigue así y acabarás pintando carreteras!”.

Y entre una cosa y otra, llegó el momento que no tenía que llegar. Mi voluntad flaqueó y perdí la noción de todo. Acabé de rodillas en el suelo, a lo Platoon, y proclamé, que es llamar en latín, pero con nivel pro: “Vendo mi alma al diablo a cambio de que empiece a llover ahora mismo y nos podamos ir a casa. Hoy no es un buen día, no aguanto más.” El cielo se oscureció, parecía que había llegado la noche, un viento helado se llevó toda la mierda del suelo y yo pensé: “bueno, por lo menos ya no hay que barrer”, se escuchó un siniestro murmullo salido del suelo… Mis compañeros lloraban mientras rezaban, la gente corría a esconderse, otros llamaban a sus familiares por el móvil, otros aprovechaban detrás de unos arbustos… y cayeron cuatro gotas.

Cuatro putas g****.

Me indigné todo. Como los curas dicen que el infierno está ahí abajo, pues me tiré al suelo con el asfalto en la naríz, y me puse a berrear como un condenado. “¡Satán, sé que estás ahí, este no era el trato! ¡Ni siquiera está mojado el suelo!” Como era un poco ridículo, me levanté y me subí al techo del furgón, que seguramente era más épico que estar tirado en el suelo. Mis compañeros trataban de detenerme, pero fue inútil. Apreté los puños, cogí aire y grité al cielo… sí, al cielo, sé que no es correcto del todo, pero quedaba mejor. “¡Señor de las tinieblas! ¡Satán, Belcebú, o como sea que te llamen! ¡Me has engañado! ¡Yo lo que quiero es no trabajar hoy! ¡Y me mandas cuatro gotas de mierda! ¡Yo lo que quiero es un puto diluvio! ¡Que se confundan la tierra y el mar! ¡Hazlo ya o devuélveme mi alma! ¡Te obligo a hacerlo ya! ¡Uí, mesié! ¡Right now! ¡AHORA!”

Sí, esta es una de esas dramatizaciones, en realidad no soy capaz de decir todo eso y berrear como berreé sin volver a coger aire. Buahneno City se quedó sin aliento por un instante, mientras un rayo partía el cielo y tocaba el mar. El agua hervía y las nubes se formaban, adentrándose por el Playa Club hasta nosotros. Los cuatro borrachos que todavía allí quedaban, salían a toda ostia. A mí me dió morriña, qué tiempos, y sonreí, porque claro, ver a cuatro borrachos corriendo es divertido, tropezones, farolazos… todo eso. Y me se apareció Mick Jagger, que estaba dándole collejas a Axl Rose,  y me soltó: “Esto era lo que pedías, ahora me perteneces”. Y el Axl: “¡au! ¡u-hu!”

… Y la que cayó. Na miña vida vi llover así. Bueno, en lo que va de mes. Pero, joder, cómo llovía. El nivel del mar si no subió diez metros no subió ninguno. A los del Gasthoffff se les atragantaba el croasan, los tiburones del acuario cantaban “libreeee, como el sol cuando amanece, yo soy libreeeee, como el maaaar”, todo el cuerpo de la local salía de los bares, los pesetas apretaban el acelerador y por primera vez no paraban con el semáforo en ámbar, en Matogrande había sitio donde aparcar y en Penamoa llamaban a la nacional…

Al ver la líada sólo pude decir: “Buah, neno, vaya muvi. La ñapa que me ha montao el cherife. Pinrelo pal kel que aquí me juman a mecos. A ver si safo.” Pero no hizo falta. Nadie se fijaba en mí. Todo el mundo corría a comprarse flotadores de patito… Así que me quedé allí en el techo del furgón, viendo el espectáculo y riéndome por no llorar… Me había quedado sin alma a cambio de cinco o seis horas de trabajo que me quedaban…

Y nada, aquí estoy, esperando a que llegue la hora de saldar cuentas… Amargao total. Homer se había librado porque antes le había dicho a Marge que su alma le pertenecía a ella. Yo he dicho muchas cursilerías, pero esa nunca se me había ocurrido. Mieeerda.

Después de pasar dos semanas que ni sabía si iba o venía, ver como el agua se llevaba la pintura allí por Ribadeo, poner cinta por tercera vez en el mismo tramo de autopista porque el aglomerado también se lo llevaba el agua, mirar el depertador y no saber porqué sonaba, liarme con la burocracia universitaria, estar a punto de comerme al gato, ser abducido por extraterrestres, hablar con la nevera, grabar música pop para escuchar en el coche como…

… o…

… sí, no me reconozco, espiar a los vecinos, dolerme una muela, mandar postales a los extraterrestres, odiar más los dvd de la Warner (me compré La Naranja Mecánica porque ponía formato 2,40 y es el mismo 1,85 de toda la vida, estafadores), llamar gilipollas a Jean Paul el Sastre, tragarme una pila, caerme de la cama, dominar el mundo, sacarme un ojo con un destornillador, comprar un disco, ver Titanic, encontrar pelis que creía perdidas, ligarme a Petra Marklund, jugar con el perro de mi hermana, faltarme con mi cuñao, esconderle el botox a Nicole Kidman, volver a dominar el mundo (las modas van y vienen), freirme los dedos con un ordenador, comer churrasco, escuchar Guns N´Roses, tener un libro, escribir un árbol, plantar un niño, freir una camisa y plancharme un huevo, hoy, después de, en definitiva, no hacer nada, me han llamado del trabajo para decirme que, for the very first time in a lot of ídem, tengo días libres hasta el lunes. Joder, el primer punto. Ya era hora. Que me regalan el viernes y el fin de semana. Gracias, ahora que me había comprado el traje de buzo…

Y no sé qué hacer, pero empezaré haciéndolo viendo ésto. Buen fin de semana a todos.

Michael J. Fox y Christopher Lloyd, eso es química en pantalla. Aprended Ben Affleck y J-Lo.

Que dice el Grungie que lo mío es actualizar una vez a la semana y gracias. Que ya ponerme a escribir una vez al día ni pensarlo. Pos toma, éste es el segundo post de hoy. Te lo dedico.

“… El bus hizo una parada. Subió una mujer cargada con regalos, seguida por un chico con jersey con capucha, hablando por el móvil. La señora se sentó delante y el chico dos filas por delante de la chica. Con el móvil pegado a la oreja, aunque sin hablar. Por su cara parecía estar recibiendo la bronca del siglo. Rubén miró por su ventana, distraído. Una pena no tener más tiempo para disfrutar la ciudad. En ese momento, de noche y con la nieve, era preciosa. Pero recordó porqué no iba más veces. Primero, porque era, decían, donde estaba la sede de los comandos. Segundo porque su relación con su hermana no era la mejor desde que, tercero, había dejado tirada a Raquel allí mismo, en su casa. Los remordimientos que siempre sintió venían más por las formas que por haberla dejado. Los tres eran felices en casa de Caro y él simplemente se había marchado. Su hermana fue la que tuvo que dar la cara por él, y Raquel al final volvió a su ciudad llena de dolor y vergüenza.

Mientras se ruborizaba al recordarlo, un chispazo recorrió su cerebro:
-Pero no es culpa mía si marchó del hotel. No, ahora iré a casa de su hermana.
“Más claro, agua”, pensó Rubén. La mano le sudaba contra la pistola. Rezaba porque el chaval no se girase y lo descubriera. En cambio se giró la chica.
-Ya hemos llegado. Es la siguiente.
El bus corría por encima del puente. Rubén se levantó.
-Gracias, hasta luego.
-De nada, hasta luego –contestó ella sonriendo.
-Bueno, ya estoy llegando, te llamo más tarde –dijo el chico mientras pasaba por encima del asiento del pasillo.
Rubén por un momento pensó en bajarse en la siguiente parada, pero de nada serviría si el otro llegaba antes. Llegó a la altura del chico al mismo tiempo que se levantaba en el pasillo, y lo dejó pasar. Él lo miró un momento.
-Gracias –dijo mientras empezaba a caminar hacia la puerta. Allí le dio al timbre.
Rubén no sabía qué hacer. Seguramente aquel chico sólo iba a buscar a algún conocido. O el ridículo bigote lo había engañado. De todos modos Rubén se mantuvo detrás del chaval. Miró por un momento a la chica, ella le devolvía la mirada, arqueó las cejas y asintió con la cabeza…
-Perdona… –dijo el chico mientras a Rubén le daba un vuelco el corazón. Se giró lentamente.
-Dime –contestó Rubén agarrando firmemente la pistola. Miró por encima del hombro del otro. Por el parabrisas vio que tras unos doscientos metros terminaba el puente, y aparecía la fachada de la estación. Y el edificio de Caro al otro lado. El chaval no dijo nada más. Sudaba pese al frío. Rubén se rio por dentro. Ese crío no era ninguna amenaza. Seguramente le rompería el cuello con un puñetazo bien dado. Rubén dejó escapar una sonrisa y sacó las manos de los bolsillos.
-Pero vamos a ver, chaval…
La cara del chico ardía. Apretó los labios, se separó a un metro de Rubén y sin disimulo sacó una pistola de los bolsillos de la sudadera. Rubén se giró al escuchar un pequeño grito. La chica los miraba con los ojos como platos y tapándose la boca con una mano. La señora de los regalos dejó de mirar por la ventana, observó a Rubén y al chico y se puso pálida. Rubén vio por el rabillo del ojo que el chico estaba a la distancia perfecta. No le daba tiempo a sacar la pistola, pero echó el puño hacia atrás y lo devolvió hacia delante con tanta rapidez que creyó que se le iba a romper la espalda mientras giraba. Al momento crujió su mano contra la nariz del otro, que cayó y perdió la pistola entre los escalones de la puerta del bus. El conductor dio un bandazo al volante mientras miraba por el retrovisor.
-¡Eh, me cago en Dios! ¿Qué pasa ahí atrás?
Más bandazos mientras miraba y conducía. Rubén se agachó al lado del chico.
-Vas a decir a tus jefes que al siguiente que me manden lo mato, ¿entendido?
-¡Que te den por culo!
Rubén le dio una palmada en la nariz llena de sangre. El otro gritó. El conductor también, mientras intentaba ver algo. Más bandazos.
-¡Que te follen, hijo de puta!
Rubén empezó a estrangular al chico. Éste se retorció por el suelo como pudo, moviendo sus manos a toda velocidad intentando apartar las de Rubén. Rubén cesó.
-¿Ahora me has entendido?
El otro no dijo nada. Rubén intentó levantarlo del suelo mientras el chico forcejeaba, se agarraba a las barras que anclaban los asientos, al abrigo de Rubén…
-Vamos a buscar a mi hermana, como nos estén esperando o ella esté muerta, bajarás los seis pisos por aire.
El otro se revolvía contra Rubén, que lo tenía bien agarrado por el cuello. Sonó un disparo. El abrigo de Rubén estaba humeando y la señora de los regalos tenía un agujero en la cara. Las manos del chico habían encontrado la pistola y tiraban por sacarla del abrigo de Rubén.
-¡¡Me cago en Dios!!- gritó el conductor mientras el autobús frenaba en seco y mandaba a todos hacia delante. Rubén resbaló por el pasillo de espaldas, el chico quedó atascado en el suelo entre los asientos. En dos segundos un coche embistió al autobús por detrás y Rubén, mientras notaba cómo el autobús se levantaba y giraba metiéndose en el otro carril, vio a la chica golpearse contra el cristal de atrás y caer en los asientos. Las ruedas del autobús tocaron suelo y se ladeó hacia la derecha. Rubén giró sobre sí mismo para levantarse y la cara se le iluminó con los faros de un camión que venía de frente. El conductor giró completamente el volante hacia la derecha y ahora el autobús se ladeó hacia el lado contrario mientras volvía a su carril. Rubén vio cómo esquivaban el camión, pero encogió las piernas y cerró los ojos pensando que golpearía el autobús por la mitad. Escuchó ruido de hierro contra hierro, el autobús frenó ligeramente, volvió a escuchar un estruendo que venía de delante y notó que se le separaba el cuerpo del suelo. Habían roto las vallas de la acera y el muro del puente y caían al río. Sus costillas crujieron cuando el autobús golpeó el agua, que entró en tromba cuando las puertas cedieron. El autobús se ladeó hacia arriba y quedó inclinado 45 grados. Las ruedas delanteras estaban tocando la orilla del río. Durante unos segundos Rubén fue incapaz de moverse. El agua giraba a toda velocidad alrededor de sus piernas. Escuchó a la anciana gritar, a nadie más. El autobús subía y bajaba sobre su lado derecho. Iba a volcar por la fuerza del agua. Rubén se incorporó a toda velocidad. Las farolas iluminaban a la anciana, que estaba de pie y tiraba de su marido para levantarlo del suelo. El conductor se retorcía de dolor contra el volante. Rubén se giró. La parte de atrás estaba negra e inundada. El lado derecho seguía subiendo y bajando.

Se zambulló en el agua helada. El abrigo era un estorbo y no veía nada. Fue palpando entre las barras y los asientos, ayudándose para llegar al final. Tocó un cuerpo pesado que subía, pero sin vida. Lo dejó seguir mientras intentaba llegar al fondo. Llegó, buscó con las manos, pero el frío era realmente doloroso y no encontraba nada. Media vuelta. Otra vez ayudándose con los asientos salió a la superficie. Arriba sólo quedaban la anciana y el conductor, que estaban saliendo hacia la orilla. El cadáver lo golpeaba por culpa del agua. Empezó a tocarlo y por el pelo corto supo que era el chico. Rubén escaló un par de asientos, estiró los brazos hacia el cadáver e intentó levantarlo. Con la ropa mojada pesaba demasiado, era imposible. Miró hacia arriba, ya no quedaba nadie. Se sacó el abrigo, salió al pasillo y resbaló hacia el agua. Empujó el cadáver a un lado, tomó aire y buceó. Se ayudó con el fondo de los asientos, mientras dejaba que su pecho fuera rozando el suelo. Le extrañó no encontrar a la señora, pero pensó que quizás había salido despedida por culpa de algún remolino cuando el agua entró por la puerta. Tocó un libro, siguió bajando y tocó su pelo. Buscó su cabeza pero el pelo había desaparecido. Nervioso movió las manos por todo el fondo hasta que dio con su cara. Bajó las manos hasta los hombros y las metió por las axilas. Subió con ella. Una vez que asomó la cabeza fuera del agua la apoyó en una barra, aseguró los pies, la rodeó por el pecho y tiró de ella hacia arriba. La sentó como pudo en el primer asiento que estaba en la superficie y él subió a su lado. La zarandeó, y notó la pastosidad de la sangre en sus dedos. Puso una mano en su cuello.
-¡Eh!¿Estás bien?
Rubén miró hacia arriba, donde un tipo se agarraba a la puerta e intentaba entrar desde la orilla, pero el bus bailaba demasiado.
-¡Sí, pero ella no! ¡Ayúdame a sacarla!
El bus se levantó y el tipo desapareció. El bus volvió a caer. Rubén se quedó esperando sin perder de vista la puerta. Empezó a pensar. Tenía que desaparecer, tenía que morirse. Si el tipo volvía a entrar y conseguían salvarla… el tipo entró saltando, resbaló y acabó tirado contra el asiento del conductor. Al momento se puso de pie y más rápido de lo que Rubén podría imaginarse bajó agarrándose a los asientos hasta llegar a su lado. Miró al cadáver del chico.
-¡No, él está muerto! ¡A ella la saqué del fondo, pero sigue viva!
Rubén se apartó, entre los dos tiraron de sus piernas y la sacaron al pasillo. El tipo la subió a sus hombros y ayudándose con una mano comenzó a subir la cuesta del pasillo agarrándose a los asientos. Rubén lo siguió, se detuvo y recogió su abrigo. El tipo se paró en la puerta y miró a Rubén.
-¡Venga, vamos!
-¡Ayúdame con esto!
Le lanzó el abrigo a la cara, y malamente exageró que se frotaba las manos. El otro se deshizo del abrigo con una mano y con el mismo gesto lo lanzó a la orilla, cogió un poco de impulso y desapareció con la chica. Rubén se giró rápidamente, se dejó resbalar hasta el fondo, luchó contra el agua que entraba por la puerta y salió al río. La corriente lo iba golpeando contra el autobús, que tenía la parte de atrás totalmente sumergida. Vio gente encima del puente mirando hacia la orilla, señalando, gritando. Con las farolas de arriba pudo observar en la orilla a unas diez personas que habían bajado por el paseo y que atendían a los ancianos, el conductor y la chica. Esperó un momento y escondido por la oscuridad observó como el tipo olvidaba a los heridos y miraba sin cesar la puerta por donde había salido, esperando que Rubén apareciera. Parecía que iba a volver a entrar en el bus. Rubén se dejó llevar por encima del techo, pasó por debajo del puente y una vez convencido de que nadie lo había visto, nadó unas decenas de metros hasta salir a la orilla, lejos del accidente.

Ahí fue cuando se dio cuenta. Le dolía tanto el cuello por culpa del frío que tuvo que arrodillarse un momento en la nieve. En el tiempo que le llevó pensarlo se levantó y corrió tan rápido como pudo hacia las escaleras que subían a la calle. Quedarse quieto, mojado como estaba, no era la mejor opción. Al subir a la calle vio que la poca gente que había a esa hora estaba toda en el lado contrario del puente, mirando el accidente. Aún no escuchaba ninguna sirena. Dobló la esquina, corrió por delante de la estación y llegó hasta el portal de Caro. Estaba abierto. En cuanto puso un pie en la oscuridad, el calor le inundó el pecho. El corazón le iba a mil. Despacio y goteando empezó a subir las escaleras…”

Ante todo, por si después de leer el texto que me mandó aún hay dudas, que quede claro que, efectivamente, está como una puta cabra. ¡Por eso lo quiero tanto, joer!

“Por petición expresa mía, todo ahí que decirlo, esta persona me permitió profanar a visionarios conservadores su maravillosa página personal para presentaros a un personaje que emergió durante el año 2003 de la bucólica imaginación de un grupo cerrado de personas las cuales con 18 años tenían menos madurez que los abdominales de ‘’bad spenser’’ o como se llame este susodicho actor. Esta figura azulada, que básicamente es un lapicero no nos engañemos señores, es el conocido como gato de porcelana cuyo nombre se lo dimos un día como hoy de hace un par de años y digo como hoy pro que podría haber sido otro cualquiera tampoco nos vamos a engañar, la coña fue perdurando desde esa época asta nuestros días y ya hay en marcha varios proyectos para una asociación, una capilla atea, y un programa de televisión de salsa rosa en el cual los invitados al plató van a ser salpicados en sirope literalmente para que terminen húmedos tal como pasa en su vida privada.
Siento haberme ido por las ramas y espero haberles roto aunque fuese solamente por un escaso minuto la monotonía diaria. Un saludo comenSales.”

Copiado y pegado tal cual fue mandado. O jato, que ya le estamos haciendo un altar:

¡Un abrazo, neno! ¡Y un paquete de tabaco no quita las tropecientas cañas que me debes! ¡Nos vemos mañana! (y pasado y…)

P.D.
Mi flickr está tonto.

Llevo despierto desde las tres y media de la noche de ayer, y debería irme para cama, pero voy a escribir sólo una cosilla.

¡Xiana, mira lo que pasaba mientras tú nacías!

-A cuestión é: ¿qué carallo é un manamaná?

-Non, neniño non. A cuestión é: ¿a quen carallo lle importa?

miiiiimiiiiimiiiiimiiiiiiiiiiiiiiii!!!!

…miiiii… ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡MIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!!!!!!!!

Por lo menos en santos. Lo dijo monseñor Rouco Varela, y si lo dijo monse, va a misa. Mientras tanto en el infierno…

… y que nos quiten lo bailao.

Llevo encerrado en casa unos tres días, voluntariamente, y me estoy amuermando sobremanera. Despierto, trabajo, vuelvo, no haga nada, duermo. Y la gente me llama y me dice “¡bájate!”, y yo “no, que tengo que hacer cosas”… y al final lo único que hago es rascarme las pelotas. Lo más triste es que de verdad que tengo cosas que hacer, pero empiezo, despacito… me aburro…y me tiro en cama a ver una película. Hoy saqué la guitarra de la funda, que llevaba ahí aburrida desde el sábado, y pensé que empezaba a animarme. Y voy y me doy cuenta de que una canción de las que tocamos no es como la tocamos. Bravo. A ver cómo le digo a Diego que me equivoqué al decirle las notas, menos mal que no lee este blog. Y ya me he vuelto a desanimar, joder. Me voy pa cama, aunque sean las diez y media.

Perdón por daros la lata con mi vida, pero es mi blog y sus aguantáis, hala. Que no todo van a ser risas, leñe. ¡¡Chist, que no te rías!! He aquí, la cancioncita.

Y ahora me voy a cama, a dormirme mientras veo JFK. Que qué buena es, por cierto, y como buen DVD de la Warner, no te subtitula los comentarios del director. ¡Cabrones!

Tranquilos, hoy no voy a poner videos. ¿Qué pasaría si una mezcla entre AC/DC y Motley Crüe versionaran el tema It´s not Inusual de Tom Jones? Pues la respuesta la teneis mañana sábado, a las 23 horas en el Code, al ladito de la plaza de Amboage, por sólo dos euracos.

¡Que ya semos oficiales! Después de mucha búsqueda, por fin dimos con el nombre adecuado para la banda, porque a grupo todavía no llegamos. A Diego le molaba el God Save the Pinos, pero creo que Alan Smithee está mucho más acorde con la música que hacemos. ¿Porqué? La respuesta en Internet, que es maravillosa.

Mucho se nos fue la pinza buscando el nombrecito de los cojones. Era obligatorio que llevara las palabras recicled revival band, porque… imaginaos a una banda punk versionando Rafaella Carrá. Pues por ahí van los tiros.

Hoy Roberto nos entrevistó en la radio y nos lo pasamos teta. Iván, Celia y yo (Diego seguía en Coruña, embarrachándose un poco, el pobre) mentimos como bellacos, exageramos nuestras virtudes musicales, que si éramos la polla, que si ya teníamos tropecientos conciertos, que si bla bla bla… unas risas. Y lo mejor fue cuando nos enteramos que la radio estaba financiada por el Opus. Jodor, que mientras esperábamos a que dieran las doce para empezar el programa desde Narón, había una pava largando para todo el país lo diabólico que era el aborto. En fin…

Pues eso, que mañana debutamos teloneando a The Cañas, si andais por Ferrol y quereis tirar dos euros a la basura, venid a vernos, que cuantos más sean y más beban, más nos pagan.

Lo que está sonando en el móvil de Xiana

Be My Baby, de Vanessa Paradis. Y vamos haciendo memoria para sacar el Xiana´s Greatest Hits. Pista 1 - House Of The Rising Sun, The Animals Pista 2 - Simple Man, Lynyrd Skynyrd Pista 3 - Girls Girls Girls, Motley Crüe Pista 4 - Even Flow, de Pearl Jam Pista 5 - You Give Love a Bad Name, de Bon Jovi Pista 6 - Ball And Chain, de Janis Joplin

Día de Nuestro Señor

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Flickalo!

Mira que os molan estos…

¡Miao!

Pos esto es todo, amigos. Para cualquier chorradita, por chorras que sea, no os corteis y mandadme un meil de esos a tylerrip@hotmail.com