No sé cómo ha pasado, no hace ni medio año tenía como cinco guitarras en casa… la fender se la regalé a Diego, porque soy así de gilipollas generoso. Mi acústica roja marca chunga que no conoce nadie, se la dí a Xiana a cambio de un teclado genial y carísimo que ya no toca, porque está aprendiendo a guitarrear. La azul que me compré el año pasado está en Xestosoland, muerta de la risa. Igual que la marrón del baquetas, que cuando lea esto querrá colgarme de los huevos, supongo. La negra que alrededor de la caja tenía como un dorado-rojo-quemado que me regaló mi abuelo hace diez años está en casa de Pablo, intentando arreglarse o morirse en el intento. La gibson blanca, ligerísima, muy punkarra, se la devolví a Olivia. Y mi Les Paul está aquí:

¡Pero yo no estoy ahí! Cagontó… os parecerá una chorrada, y seguramente lo es, pero…