Pincha aquí para escuchar la banda sonora del post. ¡¡Que pinches te digo!! Ej que si no, no tiene gracia. Y no la tiene con música, imagínate sin ella.

El relato que está a punto de leer está basado en hechos reales. Algunos de estos hechos han sido dramatizados para una mejor comprensión de los diferentes puntos de vista. El resto ha sido totalmente exagerado para que molara más. Y lo que quedaba, si quedaba algo, ha sido totalmente inventado. El nombre de los implicados ha sido cambiado por temor a futuras represalias judiciales. Las oraciones dejan de estar en pasiva. No es porque los implicados no fueran nadie y pudieran intercambiarse tranquilamente por cualquiera, incluido usted… Personas ordinarias en circunstancias extraordinarias. Que es la frase que siempre os encontrareis en cualquier libro de Spielberg. Siempre.

Hola, mi nombre no es tyler, pero eso es lo de menos. Recuerdo aquel jueves 16 de abril del 2009 como si fuera antes de ayer. Después de conseguir hacer cantar a aquellos extraterrestres y que contaran todo sobre el Facebook y toda la información que les estábamos dando para su futuro ataque y conquista mundial, se ofrecieron a llevarme hasta casa, pues ya era tarde. Nos despedimos bastante emocionados, ya sabeis que habíamos compartido momentos muy especiales. Antes de irse me volvieron a recordar aquello de que somos seres capaces de lo mejor y de lo peor, y me volvieron a poner el video de las bombas, las guerras, y las risas y los besitos… “Eh, vale, sí, sí, corta, ya vi Contact y Abyss y Misión a Marte. Queda claro… qué pesaos sois”. “Bueeeeeno, hala, hasta luego, ¿eh?” Encendí la tele y no había noticias fuera de lo común, otra vez había salvado el mundo y nadie se daba cuenta. Es jodido pero es lo que hay. Tenía un mensaje de la Preysler, “¿no problemo?”. “No problemo”, respondí. Me puse a roncar, que ya no eran horas. Al día siguiente, viernes, coma sempre me desperté tarde para ir al trabajo. La tele, la radio y los compañeros de trabajo, expertos mundialmente reconocidos en el campo del pronóstico meteorológico, decían que ese día llovería como nunca. La verdad, eso esperaba. Me dolía el cuello y aún encima tenía que trabajar en Cor… en Buahneno City, y como llevaba casi un año pintando libre cual pajariglio en las carreteras por el medio del monte, pues me apetecía un carajo el cambio. Y no llovía. El cielo más azul que os podais imaginar estaba ahí. Y la radio diciendo “cuidao que llueve”. Aún encima cachondeo.

Llegamos al escenario del suceso. Estadio de Riazor, más o menos, calle arriba, calle abajo. Las fans gritaban como locas y los periodistas se agolpaban alrededor del furgón. “Calma, calma” “¿Es usted el superhéroe que nos ha salvado de la invasión alienígena que estaba programada para ayer a las siete y media de la tarde?”. “No, yo pinto carreteras, mira, mira qué bonito me está quedando el ceda”. “Ah, pos es verdá”. “No olviden cuidar el medioambiente y automineralinarse y autovitamizarse”. “¡Es él!”. “¡Mierda!”. Me reconocieron, y eso que llevaba el flequillo cambiado de lado. Cuando toda la movida se fue calmando, seguía sin llover. Maldije por lo bajo (“¡¡¡MECAGÜENLAPUTA!!!”) y llamé la atención de un conocido que por allí andaba, y al que llamaremos Yastamos Jr. “Hombre, Rafa”. “Chiiist, no conozco ningún Rafa, me confunde usted”. “¿Aquéandas?¿Yanoestásenelclub?¿Porquétefuistealotro?¿Pintascarreteras?Miraquehuelemaleso,¿noacabaiscolocados? Bueno,    saludos    a    tu    prima.” “Eeeeh… sí. ¿Y tú no deberías estar en clase a estas horas? ¡Sigue así y acabarás pintando carreteras!”.

Y entre una cosa y otra, llegó el momento que no tenía que llegar. Mi voluntad flaqueó y perdí la noción de todo. Acabé de rodillas en el suelo, a lo Platoon, y proclamé, que es llamar en latín, pero con nivel pro: “Vendo mi alma al diablo a cambio de que empiece a llover ahora mismo y nos podamos ir a casa. Hoy no es un buen día, no aguanto más.” El cielo se oscureció, parecía que había llegado la noche, un viento helado se llevó toda la mierda del suelo y yo pensé: “bueno, por lo menos ya no hay que barrer”, se escuchó un siniestro murmullo salido del suelo… Mis compañeros lloraban mientras rezaban, la gente corría a esconderse, otros llamaban a sus familiares por el móvil, otros aprovechaban detrás de unos arbustos… y cayeron cuatro gotas.

Cuatro putas g****.

Me indigné todo. Como los curas dicen que el infierno está ahí abajo, pues me tiré al suelo con el asfalto en la naríz, y me puse a berrear como un condenado. “¡Satán, sé que estás ahí, este no era el trato! ¡Ni siquiera está mojado el suelo!” Como era un poco ridículo, me levanté y me subí al techo del furgón, que seguramente era más épico que estar tirado en el suelo. Mis compañeros trataban de detenerme, pero fue inútil. Apreté los puños, cogí aire y grité al cielo… sí, al cielo, sé que no es correcto del todo, pero quedaba mejor. “¡Señor de las tinieblas! ¡Satán, Belcebú, o como sea que te llamen! ¡Me has engañado! ¡Yo lo que quiero es no trabajar hoy! ¡Y me mandas cuatro gotas de mierda! ¡Yo lo que quiero es un puto diluvio! ¡Que se confundan la tierra y el mar! ¡Hazlo ya o devuélveme mi alma! ¡Te obligo a hacerlo ya! ¡Uí, mesié! ¡Right now! ¡AHORA!”

Sí, esta es una de esas dramatizaciones, en realidad no soy capaz de decir todo eso y berrear como berreé sin volver a coger aire. Buahneno City se quedó sin aliento por un instante, mientras un rayo partía el cielo y tocaba el mar. El agua hervía y las nubes se formaban, adentrándose por el Playa Club hasta nosotros. Los cuatro borrachos que todavía allí quedaban, salían a toda ostia. A mí me dió morriña, qué tiempos, y sonreí, porque claro, ver a cuatro borrachos corriendo es divertido, tropezones, farolazos… todo eso. Y me se apareció Mick Jagger, que estaba dándole collejas a Axl Rose,  y me soltó: “Esto era lo que pedías, ahora me perteneces”. Y el Axl: “¡au! ¡u-hu!”

… Y la que cayó. Na miña vida vi llover así. Bueno, en lo que va de mes. Pero, joder, cómo llovía. El nivel del mar si no subió diez metros no subió ninguno. A los del Gasthoffff se les atragantaba el croasan, los tiburones del acuario cantaban “libreeee, como el sol cuando amanece, yo soy libreeeee, como el maaaar”, todo el cuerpo de la local salía de los bares, los pesetas apretaban el acelerador y por primera vez no paraban con el semáforo en ámbar, en Matogrande había sitio donde aparcar y en Penamoa llamaban a la nacional…

Al ver la líada sólo pude decir: “Buah, neno, vaya muvi. La ñapa que me ha montao el cherife. Pinrelo pal kel que aquí me juman a mecos. A ver si safo.” Pero no hizo falta. Nadie se fijaba en mí. Todo el mundo corría a comprarse flotadores de patito… Así que me quedé allí en el techo del furgón, viendo el espectáculo y riéndome por no llorar… Me había quedado sin alma a cambio de cinco o seis horas de trabajo que me quedaban…

Y nada, aquí estoy, esperando a que llegue la hora de saldar cuentas… Amargao total. Homer se había librado porque antes le había dicho a Marge que su alma le pertenecía a ella. Yo he dicho muchas cursilerías, pero esa nunca se me había ocurrido. Mieeerda.