En la barra de un bar, al lado de los periódicos, había una revista del corazón. Cuando me puse a remexer por ahí a ver qué más había, saltó una chispa en mi cerebro y cogí la revista fijándome en la portada. Mi corazón se rompió en mil pedazos. “No, ella no”, pensaba. No quise leer y dejé la revista donde estaba.

Así que llegué a casa, le dí al guguel, que para algo está, y “sí, ella sí”. Ella también ha caido.

Brittany Murphy, con una filmografía que no es nada del otro mundo, pero con una personalidad y una presencia que le chorrea por las orejas, y preciosa, también ha caido. Y no lo entiendo, jamás entenderé qué es lo que lleva a alguien a estropearse tanto en busca de la belleza. Nicole Kidman, guapísima hace cinco años, ahora mismo tiene la cara como si fuera un globo. Y por no hablar de las morros que pone Renee Zellwegger, o como carallo se escriba, desde Chicago. Pero lo de Brittany me ha chocado mucho, porque no debe tener ni treinta años. Tronca, mírate ¿era necesario?