Joer, qué putada, ahora resulta que la calavera de cristal que busca Indiana Jones en su última película, ha sido requeteinvestigada y es más falsa que un billete de tres euros. Que parece ser que estaba hecha por los mayas incas aztecas (táchese lo que proceda, o no, que si se tacha no vale), pero se descubrió que contiene una película de agua que data del siglo XIX. Pero bueno, entonces falsa, tampoco es. Menos antigua, vale, pero existir, existe.

Como también existe el Arca de la Alianza en la que Moisés dejó las tablas en las que escribió los diez mandamientos que Dios le mandó al móvil, que fue encontrada por Indiana en la primera película. O como también existen las cinco piedras de Shankara que Indy buscaba en la segunda peli. Que al final sólo encontró tres, el pobre, y menudos chispazos que daban cuando se juntaban, por cierto. O como también existe el maravilloso Santo Grial de “La Última Cruzada”, que fue la copichuela que utilizó Cristo justo antes de morirse de un coma etílico, y que a Sean Connery, con una herida de bala en el estómago, un trago le sentaba mejor que a mi colega el Grungie un eferalgan. Que ya es decir.

Pero no, la calavera es la falsa. ¡¡Pero, cenutrios, si es la única que existe!! Que me maten si lo entiendo. Y si me matan, que sea ella… rrrrrrrr…

Sí, ok, ya sé que la calavera en la peli seguramente tendrá algún tipo de poder sobrenatural o dirán que está hecha por extraterrestres. Me hago cargo de la situación, y sigo diciendo que sois unos cenutrios. Hala.