Antes de nada, un video, que se cumplen cien años del nacimiento de David Lean, y es algo que hay que celebrarlo. Bueno, tampoco mucho que el tío lleva como quince o veinte años muerto y le va a dar igual. Hala, ahí va una escena suya, a prueba de paciencias forjadas en el estilo Mtv, espectaculo ajeno a la informática, y frases como “Mi nombre es para mis amigos”, bofetón en la cara para Omar Shariff.

La tele fue la que me enseñó lo que era el cine. Esos sábados por la tarde viendo las películas de Amblin´ que daban en la primera… Esos panorámicos destrozados por el 1.33:1 de la pantalla… que si era un 1.85:1, bueno, pero como fuera un 2.35:1, destroce total.

Me explico. Las cámaras de cine tienen diferentes formatos. Los más comunes, en los tiempos que corren, son 1.85:1, 1.77:1, 2.35:1, 2:40:1… la diferencia entre los dos primeros o los dos últimos son pocas. Depende de la cámara, la lente, el negativo y chorradas varias. (Atención, no tengo ni idea, si alguien quiere decir que no depende de nada de eso, adelante, está en su casa, en serio). Y el televisor sólo tiene un formato, el 1.33:1, 4/3 o como querais llamarle. O más bien tenía, porque ahora tenemos los televisores panorámicos, que para mí son un timo, porque se ven como el culo. Desde mi humilde punto de vista. Esos nuevos televisores tienen un formato 16/9, equivalente al 1.85:1 que decíamos antes. Bien, los números son la relación de la anchura de lo que vemos por su altura. Para ponerlo fácil. Si mi pedazo de televisor del año catapum tiene una pantalla de, por ejemplo, un metro de alto (ojalá), tendrá un metro y treinta y tres centímetros de largo. Más o menos. ¿Entonces cómo hacemos para poder ver una peli rodada en 2.35 en nuestra tele de 1.33? ¿Eh? ¿Tio listo?

Qué lío de números, qué lío de puntos y no me entero de na. Yo tampoco, así que mejor unas fotingas para despejarnos un poco y verlo todo más claro.

Bueno, aquí llega el artizta con su peli, que decidió rodar en 2.35. Por ejemplo, la foto horrenda de abajo que parece sacada de Beverly Hills 90210.

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Fácil y sencillo. La anchura de la imagen es 2.35 veces mayor que su altura. Y para visionarlo en el televisor, algún avispado tuvo ésta idea.

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¡AAAARGH! ¿Pero qué es ésta basura? ¿Dónde están los personajes que faltan? ¿Porqué tiene tanto ruido la imagen? (Que aquí no lo tiene, pero lo tiene, ejem). ¿És esto lo que quería el director? Ni de coña. Y en éste ejemplo, bueno, vale, pero imaginaos que están sólo en el plano Diego, el de la izquierda de todo, y Ale, a la derecha. No veríamos a ninguno, o en el mejor de los casos, moviendo la imagen para centrarnos en lo que queremos ver, que tambien se hacía, sólo a uno de ellos. Cómo en Hook, en 1.33. La imagen me mostraba a Peter con sus hijos, hablando con la vieja Wendy, a quien sólo escuchaba. Pero la imagen se mantiene en Peter durante toda la conversación. ¿Qué pasa, porqué no cambia el plano a ella? En el dvd, en 2.35, descubro que Wendy está en el mismo plano, pero gracias al recorte de la tele, desaparece. Así, sin más, interpretación de la actriz y composición del plano al carajo. Pero bueno, porque era Spielberg, que si llega a ser Kevin Smith lo de la composición tampoco se iba a notar mucho.

Solución, ésta.

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Esas dos franjas negras. Que mantienen intacto el formato 2.35. ¿Que es un 1.85? Dos franjas más estrechas. Punto. Se llama Letterbox, buzón, el mejor invento para la tele, después de Humor Amarillo. Cada vez que veía que una película comenzaba y mantenía las dos franjas después de los créditos, (que esa era otra, empezar bien en 2.35 y justo después de “Dirigido por Menganito de Tal”, tracatrá, puñalada trapera y un 1.33 como una casa) era la persona más feliz del mundo. Tengo que decirlo, aunque igual no parece una buena película, pero para mí poder ver en TVE1 Jungla de Cristal III en panorámico, fue casi una experiencia religiosa. Vaya planos.

Bien, toda esta chorrada viene a que a partir de ahora voy a hacer mis fotos panorámicas en Letterbox, por aquello de homenaje a mis tiempos de felices sorpresas con la tele.

Y digo yo, que para decir esto no hacía falta haber escrito tanto.