Hoy un compañero de trabajo se me acercó con un pájaro en la mano. Era pequeño, marrón y con plumas más claras por el pecho, o como se llame en los pájaros. Tenía los ojos cerrados y todavía respiraba. Mi compañero me dijo que lo había encontrado al lado de la raya y que seguramente se había golpeado con un coche. Después de observarlo durante un momento, lo dejó con cuidado al borde de las hierbas que crecían al lado de la carretera. ¿Qué le vas a hacer?, me dijo. Pero yo me quedé mirándo al pobre bicho mientras mi compañero se alejaba, y lo cogí con cuidado. Abrió un poco un ojo mientras le acariciaba la cabeza. Temblaba un huevo. Cogí mi gorro del bolsillo y lo metí dentro con cuidado, haciendo una especie de nido. Pensé que si por la tarde a la vuelta del trabajo seguía vivo, lo llevaría al veterinario, aunque me parecía bastante optimista.

Así que puse el nido en la guantera abierta y allí quedó hasta la hora de comer. Yo ya estaba pensando con mucho cuidado. ¿Dejaría la furgoneta al sol? ¿a la sombra?¿alguna ventanilla abierta?¿y si se cuece?¿y si se congela? Un compañero mío estaba comiendo pipas y le puso una pelada al lado. Y yo, eh, que tiene sal, y a lo mejor le sienta mal.
Así que fuimos a comer y por el camino el pájaro ya tenía los dos ojos abiertos, pero no se movía. Yo preguntaba si estaba muerto, pero me decían que no, que estaba respirando. Pillamos un socabrón de la carretera y el pájaro se asustó, y empezó a mover la cabeza de un lado al otro, en plan dónde estoy. Nosotros decíamos, joer, mira, ya está bastante más espabilado. Rafa le has salvado la vida al pobre animal y tal. Y yo todo hinchado ya. El pajarraco nos miraba uno a uno, miraba dentro de la furgoneta, calentito en su nido. Eh, Rafa, que te ha cagado en el gorro. ¿Sí?, bueno, no importa, si sigue vivo…

Y en esto que saca las alas y sale disparado después de hacer un giro en el aire por una de las ventana. ¡Hijo puta el pájaro!¡Qué susto! Se ve que tenía frío y tal y ahora calentó y… No dió ni las gracias.Y yo me quedé embobado mirando la ventana en plan jo, mi pajarito. Bueno Rafa, has salvado una vida, una vida pequeñita, pero que sigue siendo una vida. Joer Rafa, tan grandote como eres y luego te pones todo sentimental y recoges pájaros heridos por ahí y… y yo que seguía mirando la ventana por donde se había escapado.

Bueno, llegamos al restaurante y llega mi compañero, el que lo había encontrado y nos pregunta ¿se escapó el pájaro? Joer, porque yo me comí uno con la furgoneta y juraría que venía de vuestro furgón. Y yo ¿En serio? Que sí, que bajó hasta la cuneta, remontó y me lo comí de lleno, que hizo ruido y todo. Y si él me lo dice así, yo me lo creo.

Y me cabreé con el pájaro. Me quedé jodidísimo con esa chorrada. Con lo bien que estaba en mi gorro ¿quien le manda escapar? No duró ni dos segundos libre. El muy idiota. ¿Y ahora qué cena Eneko?¿Espaguetis otra vez?¡Si ya me los tira a la cara, y con razón!

Por eso quiero pedir un minuto de silencio y dedicarle esta cancioncilla al pobre pájaro que buscando la libertad, se encontró un neumático. El muy burro. Al próximo que vea tirado por ahí, diré ooooh, pobriño ¡toma pisotón! y así nos ahorramos tiempo y gorros negros con manchas blancas. Joputa desagradecido.

Y esta también, que bueno, no tienen nada que ver, pero son unas risas, por lo menos ésta última.

2×1, como en el carrefúr.