Pozí, no me importaría nada haber trabajado estos días, pero nuestro encargado nos dijo que iba a hacer mal tiempo así que nada de horas extras a mogollón. Pero bueno, no me quejo demasiado. El miércoles me invitaron Ana y Pablo a una suculenta y muy divertida cena en su casa, y nada más terminar, y siendo bastante maleducado, me largué porque tenía un sueño de tres pares. El jueves, ayer, me desperté definitivamente a eso de las cinco de la tarde, cuando Juanma y Nuria me llamaron para tomar un algo, y después me fui a casa a ver Ratatouille. Qué maravilla de película. No digo más que no hace falta.

Hoy desperté a las dos, más o menos, y tenía pensado hacer un viaje a Coruña, pero mi hermana, muy amablemente, me había robado el coche. Así que estuve viendo un cachito de American Psycho con Ricardo, y ahora estoy escribiendo este diario de a bordo. Porque, joer, es lo que parece.

Así que, querido diario, cuando Celia salga de trabajar, bajaremos a tomar algo, me devolverá mi cámara, dormiré feliz y contento pensando que aún me quedan dos días para rascarme las pelotillas, iré a Coruña a ver la exposición de Fanny, sacaré algunas fotillos por la city, volveré y haré nosequé con ésta gente, quedaré con Juanma para ir a arco el domingo, dormiré, me levantaré tarde, o Juanma se levantará tarde, o los dos, iré a esfuciñar dos flechas, mínimo, al pabellón, comeremos raxo, volveremos, tomaremos café, diremos que el fin de semana se ha ido, como siempre, en un suspiro de mierda y que no lo hemos aprovechado para hacer nada, veré una peli, dormiré, y me despertaré a las 6 y pico del lunes pensando que necesito dormir más, que mi trabajo es una mierda, y que por suerte, cada vez va quedando menos para las vacaciones, en las que Sara y Diego volverán, después se irán, se habrán acabado las vacaciones, y volveré a despertarme pensando en que si fuera rico, no tendría que madrugar nunca más, tendría el dinero en Suiza, donde me haría una casita al borde de un lago, comería chocolate, y un reloj de cuco saltaría cada media hora berreando, pero a mí me importaría más bien poco, porque estaría haciendo muñequitos de nieve hasta que tuviera 55 años y me diera un ataque al corazón. Y Eneko y Rafita se quedarían con mi fortuna. Y después serían ellos quienes hicieran muñecos de nieve. Y mi querido hijo Toby tiraría mis cenizas en un paso de peatones.

Y ahora un video, que no tiene nada que ver con esto, pero que lleva tiempo en la lista de espera y ya le va tocando.