Por cierto, vaya mierda de película.

Hoy hice un viaje que he hecho mil y una veces, y haré hasta que el cuerpo aguante. Me acompañaron mis primos Eva y Rubén, y por culpa del agua, las rocas mojadas y las silvas, por poco no conseguimos llegar. De hecho, faltó poco para dar media vuelta sin haber entrado en el molino. Pero no hay silva que se resista a unos buenos palos. Eso sí, sólo Eva y sus superbotas de agua pudieron hacerle frente a la inundación que había dentro.

Ahora, busquen las siete diferencias.