Sí, ya sé que dije lo de Con la muerte en los talones, pero no hay tiempo para verla y analizarla de la manera en que quiero, así que, asunto postergado. Algún día. Como el AVE.
Hace tiempo estaba obsesionado con la canción “Addicted to Love”, de Robert Palmer. Así que escribí una historia basándome en lo que yo pensaba que decía la letra. Una adaptación muy libre. Esta es la historia.
“Bonita casa. Es mía. En un par de años acabé de pagarla. Me gustó aquella zona. Chaléts con piscina y quinceañeras en bikini las cuatro estaciones. Me imagino que estarán todos los vecinos preguntándose de dónde vengo a estas horas. Les habrá alarmado no ver el coche y sí ver la luz del salón encendida. Normal. Siempre salíamos los dos juntos y hoy ella se ha quedado a ver la tele. Seguro que ya está dormida en el sofá. No me apetece entrar, la verdad. Pero no puedo quedarme mucho en el coche, porque los buitres observan. Hijos de puta. Y yo también. Me gusta este ambiente de falsedad. Nos jodemos y envidiamos, pero nadie dice una palabra por encima de la otra. Somos guays. Ayer mismo estuve alabándole al vecino de enfrente su todoterreno nuevo. Cabrón. Boh, me descentro. Será mejor que salga del coche. Espera. Addicted to love en la radio. Al mediodía sólo ponen chorradas y en cambio la buena música es para los sonámbulos. (Off historia, si quieres encender la radio, haz click aquí). Ah, mi reino por un pitillo. El día que dejé de fumar no sabía lo que hacía. De vez en cuando vuelve a caer algún cigarro, pero es una lata esconder las cajetillas como si fuera un crío. Ya no valgo para esas chorradas.
Salgo del coche. El puto perro se pone a ladrar. Qué pesado es. Ya le dije a Patty que no quería animales en casa. Y no se compró una puta tortuga, precisamente. Abro la valla del jardín y ya viene la ladilla a olerme los cojones. Como no me acuerdo de su nombre le hablo a patadas. Me entiende.
Procuro no hacer ruido con las llaves. Huele a café. Pobre Patty. Voy a ser bueno y no voy a despertarla. Me empezará a preguntar dónde estuve y no me apetece decirle lo malísimamente mala que es su hermana en la cama. Qué decepción. Abro la puerta del cuarto de baño y ya la escucho venir por el pasillo. Cierro rápido la puerta. Me miro al espejo y estoy mejor de lo que pensaba. Da un par de toques en la puerta. Me pregunta qué tal la cena con esa voz tan guapa que tiene al levantarse. Le puedo contar cualquier batallita que mañana ni se va a acordar. Me la estoy imaginando dormida de pie aguantando el pomo. Me cepillo los dientes y abro. Increíble, se ha quedado dormida de pie. Abre un ojo y me sonríe, me cae encima y lo disimula con un abrazo. Me dice que se ha aburrido mucho esta noche. Yo si lo llego a saber, me vuelvo antes a casa, la verdad. Mañana hay que madrugar para despedir a los japos. Los jodidos no trajeron ninguna camarita con ellos. Estos no son de los que hacen viajes de placer. Estos son tiburones. Y tu hermana, querida Patty, mucho ruido y pocas nueces.
Una noche decepcionante.
Cojo a Patty en brazos como cuando éramos novios y la llevo hasta la cama. La arropo, aunque la verdad no hace mucho frío, y me tumbo a su lado. Joder, no tengo ningún sueño. Ya me veo revolviéndome toda la noche. Antes de que me olvide tengo que poner el despertador. Ya está. Nada, no puedo dormir. Siempre pensé que tendría remordimientos cuando hiciera algo así, pero no es eso. Me siento bien, relajado. Será mejor que vaya a ver que dan en la tele. A estas horas siempre dan noticias internacionales en algún canal pobre que no puede pagarse programas de calidad. Me llevo el móvil conmigo. El capullo de John querrá saber cómo pasé la noche. Le diré que Laura es una tigresa, para que me admire el resto de la semana.
Sigue oliendo a café en toda la casa. Normal, cuando llego al salón me encuentro con la cafetera llena. Patty debió de haberse quedado dormida antes incluso de servírselo. Tantas ganas que tenía de ver el programa aquel… me empieza a sonar el móvil. Laura. Esto es increíble. Esta mujer está mal de la cabeza. Sé que Patty va a seguir roncando hasta el mediodía, pero no lo dejo sonar dos veces.
-Hola.
¿Hola?
-¿Qué quieres?, ¿pasó algo?
-No, sólo llamaba para saber cómo estabas.
No me toques los cojones, pienso.
-Estoy bien, -le digo. -¿Tú?
-Bueno, me lo he pasado bien contigo, pero no sé.
No sabes. Joder.
-Cuéntame, Laura, puedes contarme lo que quieras, ya lo sabes.
Y si no lo sabes vas a darme el coñazo igual, tarada.
-Gracias. Estuve pensando sobre lo que hicimos y…
Intento adelantarme.
-Escucha, Laura, y perdona que te interrumpa, pero yo también estuve pensando, y reconozco que fue algo genial, pero no creo que debamos seguir viéndonos de esta manera.
-Supongo que estoy de acuerdo, además Patty es mi hermana y aunque no nos llevemos del todo bien, tú eres su marido y… no es que te quiera echar la culpa de nada.
Sólo jodería.
-Ya, Laura, te entiendo.
-Y… bueno, eso.
-Mira, ha sido una noche muy ajetreada para mí, con los clientes japoneses… -y ya te tenía echado el ojo, y, por Dios que pensé tal y como viene esta borracha ahora me la acabo follando pero seguro. No. -Laura, supongo que nos encontramos en el lugar equivocado y necesitaríamos un poco de aire fresco los dos. No me arrepiento de nada y espero que tú tampoco.
-Ya, te entiendo.
-Pero si podemos evitar que vuelva a ocurrir, supongo que será mejor.
-Sí, supongo que sí.
Aunque tal y como gritabas, dudo que no me vuelvas a buscar.
-Gracias, Billy.
-De nada, estoy aquí para lo que quieras.
Nos despedimos y cuelgo. Me llegarán los dedos de una sola mano para contar los días que pasen hasta que me vuelva a llamar. Patty sigue roncando. Pobrecita. Y a mí me quedan cinco horas para volver a levantarme. Supongo que John estará mañana en la cafetería a primera hora. Empezará a darme la brasa con su Audi nuevo. Lo dejaré hablar y después le contaré con pelos y señales qué tal me fue con Laura. Bueno, me voy a la cama. Que le den por culo a la tele. A ver si consigo que Patty me abrace un poco. Mañana me espera otro día bonito. Que si viaje hasta el aeropuerto, que si balance de la venta. Por lo menos estaré en casa temprano. Espero.”
Hasta aquí la primera parte. Como escribir sobre este hijo de la Gran Manzana era bastante divertido, y me pirro por cotilleos y tejemanejes de los estudios de Hollywood desde su creación, pues lo llevé a mi terreno, y seguí con su historia.
“Abro un ojo. Mierda, ¿qué hora es? El despertador marca las ocho y media. Sé que no puede estar equivocado, pero no me creo haber dormido dos horas y sentirme tan de puta madre. Patty duerme. Qué suerte tiene. Me levanto y miro por la ventana, pero no veo a ninguna chica haciendo footing. Vaya. Seguro que si subo hasta la terraza, ya veo a Pauline aprovechando los primeros rayos de sol en la piscina. Pues habrá que probar.
Creo que será mejor que me ponga la bata primero. Salgo hasta el pasillo y sigue oliendo a café. Tendré que aprovecharlo, no es cuestión de tirar el dinero. Voy hasta la cocina a por un par de galletas. Vaya, sólo quedan cinco o seis en el paquete. Seguro que Patty va a querer alguna. Le encantan. Bueno, que saque el Jaguar y vaya a comprarlas, que no queda tan lejos el supermercado. Y así también se distrae un poco. Subo las escaleras mientras me llevo una galleta a la boca. Qué bien entra la jodida. Cuando abro la puerta me sorprende el calor que hace fuera. En Nueva York siempre nevaba. Los Ángeles es un planeta muy diferente. Me asomo por la terraza y ahí está Pauline. Sí señor. Menudo espectáculo. Y eso que aún le quedan un par de años para cocinarse del todo. ¿Qué es lo que hace? No para de sumergirse una y otra vez. Parece que ya encontró lo que buscaba, pero no consigo distinguirlo. Debe de haber cogido un pendiente o algo. Y ahora sale de la piscina. Me gusta cómo te mueves, no te vayas, por favor. No se va, se tumba en la hamaca, pero sólo puedo verle las piernas. Lo malo de estas casas es que tienen unas vallas muy altas. Bueno, me tendré que preparar un poco. A ver cómo está el jardín… impecable. Ya anda el chucho por ahí. Voy a ser bueno y voy a tirarle una galleta, para que luego diga.
-¡Eh, bicho! ¡Para ti! ¡Y perdona por lo de ayer!
Debe tener hambre porque se la traga al vuelo. Y se queda mirándome como si le fuera a dar más. Que cara de tonto tienes, colega. Espera que ahora bajo.
Vaya, el café. Entro en el salón y cojo la cafetera. Entro en la cocina y lo caliento. Perfecto. Salgo al jardín. Me pongo bien las zapatillas, por si algún escorpión quiere picar un poco. Ya me viene el chucho encima moviendo el rabo.
-Tranquilo, amigo, ¿quieres una galletita?
Joder, que rápido aprendes, cómo me miras la mano. Le muevo la galleta por delante del hocico y él la sigue. Qué fácil eres de manejar, si todos fueran como tú… le tiro la galleta al aire y él la coge otra vez al vuelo. ¡Mira tú qué divertido!
-¿Quieres otra, campeón?
Repito la jugada. Otra vez al vuelo. Este chucho es un espectáculo. A ver qué pasa ahora. Me agacho y cojo una piedra.
-Mira la piedrecita. ¿La ves?
La ve. La está siguiendo todo el rato. Así que se la lanzo. Vaya, parece que se ha hecho daño al morderla. Je, je, menudo gilipollas. Venga, va, no llores.
Entro en la casa. Joder cómo ronca Patty, si lo llego a saber el día que la conocí, me hubiera gustado igual, pero… Bueno, el café ya está más que caliente. Me sobra el tiempo, así que lo degusto en el salón, viendo la tele.
Alguien abre la puerta de la valla. Ya se puede ir largando o le suelto al perro. Alguien golpea la puerta. ¿No sabe que hay timbre, joder? A ver si se me va a rallar.
-¿Billy?
Mierda, ese es mi cuñado. Seguro que Laura ya se ha ido de la lengua. Joder, ¿qué hago? Me levanto y voy hasta el pasillo. Me meto en la cocina y atisbo un poco por la ventana. Si trae la escopeta yo no se la veo. Vuelve a golpear la puerta. ¡Que le des al timbre!
-¿Billy? Abre, tronco.
¿Tronco?, conozco a unos cuantos negros en Harlem que te matarían sólo por hablar así. Y ahora se pone a jugar con el chucho. Este viene en son de paz. Voy a abrir la puerta. Ahí están los dos, moviendo el rabo.
-¿Qué pasa, colega? Mucho madrugas.
-¿Te olvidaste?
El chucho quiere entrar. Me agacho y le acaricio el lomo mientras lo echo suavemente.
-Eh, sal, chico, sal. Personas, casa; perritos buenos, jardín. Hala, hala.
-Hoy me daban el coche.
-Ostia, es verdad. Me ducho y vamos. Entra, tronco.
Entramos y me fijo que no ha pisado ninguna mierda del perro, así que lo acomodo en el salón.
-Estaba desayunando. Sírvete. Yo voy a la ducha.
-¿Patty?
-Durmiendo. Estuvo hasta tarde viendo la tele.
-Pues Laura está eléctrica, tío. Llegó ayer a las tantas y ahora quedaba dándole a la gimnasia.
Me da un vuelco el corazón.
-Bueno, no te quejarás entonces.
-A ti te lo voy a contar. Mi vida sexual es genial y punto, je, je.
No lo dudo, colega.
Salimos a la calle. Aquí viene la dulce Pauline haciendo footing. Al llegar a mi lado me sonríe, me saluda y sigue su camino moviendo las cachas. Dennis no para de mirarla. Jódete que a tí no te ha saludado.
-¿Y ésta cuantos años tiene?
-No seas troglodita. Y recuerda que estás casado.
-A veces cuesta recordarlo, sobre todo en este barrio.
-No veo ningún ferrari. Ya te lo han robado.
-Aparqué un poco más arriba.
Me cago en tu madre. Con mil sitios libres que hay aquí, y me haces andar colina arriba. A veces odio Los Ángeles.
Ya estamos en el estudio. Dennis tiene un gusto musical pésimo. Y aún encima sube el volumen a tope. Por lo demás el viaje en el ferrari ha estado de puta madre. El segurata nos para a la puerta. Ya me encargo yo de bajar el volumen y dar la cara. El tío nos abre sin mirar el ferrari. Sé que a Dennis no le ha gustado el detalle. Mil ferraris pasan todos los días por la puerta del estudio, qué le vamos a hacer. Este capullo vuelve a subir el volumen. Aguanto mientras lo dirijo al aparcamiento de la cafetería. Veo un Audi negro. John ya está aquí. Nos bajamos del coche y entramos en la cafetería. Dennis mira como si todos aquí dentro fueramos Spielberg. Ya viene John corriendo.
-¿Qué tal anoche?
Cállate, imbécil.
-John, este es mi cuñado Dennis, el marido de Laura, ¿te acuerdas?
-Claro, Dennis, qué tal.
Muy bien, John, para tí el Oscar.
Así que nos sentamos en una mesa y John ya se encarga de mantener ocupado a Dennis, contándole mil chismorreos de famosos. Mi cuñado realmente está esperando a que entre Spielberg y se pida el desayuno. Nos traen el L.A. Times. Empiezo a leerlo, pero me da que hoy no va a traer nada interesante. Se lo paso a John, que a mí me aburre. Me divierto un poco con Dennis inventándome alguna que otra historia. Se las traga todas.
Ahí vienen las limusinas de los japoneses. Que no se lo crean tanto que sólo han comprado los derechos de distribución de la basura más grande que hemos parido en años. La historia de unos críos que viajan en el tiempo dentro de una nevera. El señor Kou es el primero en entrar. Los otros dos se quedan fuera admirando el paisaje femenino, supongo. El señor Kou tiene más tablas y se nota. Dennis lo mira intentando encajarlo en alguna película. Dejo que John hable con Kou. Yo le explico a Dennis que el japo es representante de una distribuidora asiática, y que los dos que se han quedado fuera, sus yakuza. También se lo traga. Veo que John y Kou por fin se dan la mano, así que me levanto y les digo que cuando quieran, nos vamos al aeropuerto.
Otra vez en la autopista. Las limusinas van delante. La verdad no sé por qué cojones tenemos que acompañar a estos tíos al aeropuerto. John, en cambio, parece contento. Bueno, nos hemos ganado unos cuantos millones, la verdad. Vaya, me está entrando el sueño.
-Dennis, tío, adelántalos, que puedes.
John ya empieza a largar de su Audi desde el asiento de atrás. Dennis se le ríe en la cara. Los dejo discutir. El aire que viene del desierto me está amodorrando. Cierro los ojos.
Me voy hacia delante a la vez que escucho los frenos. Abro los ojos y me como el salpicadero con los dientes. Espero que sigan todos en su sitio. Veo las luces de freno de un camión empotrándose en el capó. Oigo a John gritar como una maricona. El ferrari se mete debajo del camión un momento. Joder, me tumbo todo lo que puedo, antes de que salga el coche disparado hacia el hormigón. ¿Por qué no me habré puesto el cinturón?
Creo que puedo abrir un ojo, si me dejan. Vaya espectáculo. Eso que hay detrás de la ambulancia es el ferrari. Y supongo que ese es Dennis. Qué asco da. Por lo menos murió feliz, sin saber que era un cornudo. No veo a John. Ni las limusinas. Estos hijos de puta serían capaces de coger el vuelo tranquilamente. Vaya, una chica con guantes de latex se me echa encima. No tengo nada mejor que hacer, así que me dedicaré a mirarle el canalillo. Mis piernas. Sí, están ahí. Tienen que avisar a Patty. Joder, Patty. Me están entrando ganas de llorar. Ahora no veo, mierda.”
Si alguien ha estado en Los Angeles y ve que he escrito alguna machada, por favor, que me lo diga. Que no tengo ni puta idea, en serio. Bueno, pensaba que lo había matado, pero el tipo aún seguía dándome bastante juego, así que lo resucité. Daquela maneira.
“
… y aunque digan que es uno de los mejores, incidentes como estos pueden hacer naufragar la carrera de Russel Crowe. ¿Que no? Esperemos a ver la recaudación de Cinderella Man.
A otra cosa mariposa. ¿A alguno de ustedes le suena el nombre de William Fenimore? ¿Y si les digo “1.212″? Pues resulta que su guionista y productor, el tal Fenimore, salió hace pocos días del coma que lo tenía postrado en una cama del Centro Médico Cedars-Sinai. Sufrió un aparatoso accidente automovilístico mientras acompañaba al aeropuerto a unos ejecutivos japoneses a los que les acababa de vender los derechos de distribución de semejante bodrio. Y ya sé que a algunos puristas se les atragantará este comentario, pero que sepan que lo de unos críos viajando por el tiempo en neveras es un plagio de la primera idea que tenían Robert Zemeckis y Bob Gale sobre “Regreso al Futuro”. Y su visión sobre las cruzadas es completamente idiota, tratando a los niños espectadores de subnormales. Y el número obsceno de Oscars que cosechó, sólo demuestra que algo huele a podrido en Hollywood, ayyy… Bueno, después de este pequeño desquite sigo informándoles. Pues resulta que en el accidente perdieron la vida su cuñado Dennis McDormand, dueño de una cadena de restaurantes, y el socio de Fenimore, John Nielsen, al empotrarse contra un camión cargado de hormigón que realizó una brusca frenada delante del ferrari 612 en el que iban. Lo digo ahora y lo diré siempre, guarden la distancia de seguridad, sobre todo esos que se piensan que los deportivos sólo tienen acelerador.
El caso es que Fenimore ha sido el único superviviente y con motivo de su recuperación le han llovido regalos de todos los estudios. Pero aparte de la típica estancia en una clínica de algún Cayo en Florida, el regalo que ha removido cielo, tierra, mar y aire ha sido el de los hermanos Mainstrein, de la antaño todopoderosa Lookless. Nada más y nada menos que la dirección y el control total y absoluto de la secuela de “Corvin Affair”, que dirigió hace cinco años el maestro Frederick F. Nibola. Un filme, a mi juicio, perfecto, y que sólo debería volver a ser tratado por el propio Nibola.
Pero dinero llama a dinero, y el caso es que ésta fue la última película bajo el sello de Lookless que ha dado ganancias en cinco años. Los Mainstrein lo han visto claro y le han dado las riendas del proyecto más rentable al artífice en la sombra del producto más taquillero del año pasado. Lo de arte y calidad lo dejaremos a un lado. La opinión de Nibola no se ha hecho esperar: “Es triste, y me han herido seriamente. Yo confiaba en los Mainstrein, me dijeron que cuando quisiera preparara el proyecto, aún no habíamos firmado nada, pero… incluso redacté un borrador que nos gustaba a todos… Yo escribí y dirigí la primera, es totalmente mía, desde un punto de vista autoral, pero no sé qué pasa con los derechos, que no puedo tocarla. Es de su propiedad. Estoy bien jodido. Y cabreado.” Ralph Shesure, que interpreta a Corvin, y que conoció a Fenimore en su juventud en Nueva York, ha dicho: “Nibola es un genio y Fenimore es gilipollas. Yo no he firmado nada para una secuela, así que no tengo porqué hacerla”.
Si los Mainstrein no recuperan el sentido común y deciden seguir adelante con el proyecto sin la estrella principal, desde luego que el tema me va a dar juego en esta sección. Ahora sólo queda saber si encontrarán a alguien que pueda interpretar a Corvin como Shesure, y, por supuesto, la opinión del protagonista de la noticia: “Estoy muy agradecido a los hermanos Mainstrein, pero de momento descansaré junto a Patty, el amor de mi vida, jugaré con el perro en el jardín, consolaré a mi cuñada como pueda y honraré la memoria de mis amigos fallecidos”.
Y ahora, si me lo permiten, voy al w.c. a vomitar.
Ya he vuelto, muchas gracias. ¿Tienen ganas de saber la última que se montó entre Clint Eastwood y la Warner?…”
Y hay una cuarta parte pensada y a medio escribir, pero estaba adelantándome mucho en el tiempo. Así que si sigo con el tipo este, no haré saltos temporales tan grandes como de la segunda historia a la tercera. Creo que lo resucitaré en cuanto tenga más tiempo. Y ganas.






5 comments
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Enero 12, 2007 en 1:22 am
grungie
me gustó y me gusta esta historia. Un consejillo si me lo permites usa la opcion esa que pone “(sigue)” para que quede mas estético y comodo de ver el blog
Enero 12, 2007 en 5:54 pm
tyler
No, pero gracias. Si escribo suele ser una vez al día, así que nadie va a tener que buscar más abajo. De todas formas, tampoco me gustó nunca leer en un periódico “sigue en pag. 2″. Pero gracias por la sugerencia.
Y me alegro de que te siga gustando.
Enero 13, 2007 en 7:57 pm
grungie
jajaja… cuando tu escribas una vez al día yo tendre el clio sport y la copi que busco… jejeje.. con cariño neng
Enero 14, 2007 en 2:55 am
tyler
Lo sé. Si en realidad lo hago sólo por joder, jajaja. No en serio. Lo que quería decir es que, los días que escribo, suele ser sólo una historia.
Enero 14, 2007 en 6:22 am
take off
[...] nada que contar es porque quiere, aunque es de admirar que algunos se reserven para sólo contar grandes historias. Si es que vivir, vivimos, ya sea durmiendo y soñando a veces, trabajando y “luchando” (léase [...]