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…venga, Lucas, menos leer y más comentar… por cierto, qué bien tocas, cabrón…
Antes de acabar el año, Montse me llevó a un bar de Ferrol a ver un concierto de un grupo de blues llamado Dixie Town, ya que conocía a Lucas, el batería. Brutales. Geniales, en serio. Nada de blues calmado que invitaba a sentarse en la barra con un sombrero y estar pidiendo whiskeys hasta que te echaran a patadas. Transmitían una energía, una velocidad y unas ganas de bailar increibles. De hecho, cuatro o cinco adolescentes con más pinta de perrear que otra cosa, no pararon de bailar en todo el concierto. Pepe, cantante y guitarra espectacular, acabó tocando en medio de todos ellos. Salimos de allí flipando por el show que habían montado.
Este sábado vinieron a tocar al DZine, volvimos y Fani también se apuntó. David y Diego llegaron más tarde y el primero se fue pronto, ya que como él mismo me dijo, no tenía el cuerpo para mucho blues. Y los Dixie Town la volvieron a montar de una manera soberbia.
Al acabar el concierto, nos quedamos los cuatro hablando en la mesa, pero como Iván se había olvidado de encender las luces, decidimos ir a sentarnos en la barra, mucho más iluminada. Allí Diego se dedicó a decir chorradas todo lo que pudo y más, y el resto nos descojonamos de lo lindo. Iván y Simón se nos unían, decían también cuatro paridas, y iban luego a hablar con otra gente. En una de estas, saqué el zippo, y Simón empezó a dar una lección sobre mil maneras y más de encenderlo. Diego intentaba una y otra vez abrirlo tal y como hacía Simón, con el pulgar abajo y el índice y el corazón por encima. Hacía fuerza y lo abría. Diego no lo lograba y yo sufría por si mi mechero salía por ahí volando.
Durante todo el verano estuve pidiéndome dos pepsis en un vaso grande. Pido así porque me ahorro molestar a los camareros por lo menos una vez. Así que el sábado volví a pedirlas. Diego, que juraría que me ha visto cientos de veces pedirlas así, dijo que no cabían. Yo dije que sí, que estaba jarto de pedirlas. Iván dijo que sí, que estaba científicamente demostrado. Y como se había creado una especie de competición gracias a las mil maneras de encender el zippo, Iván le dijo “¿Qué te apuestas a que caben?.”"Lo que tú quieras.”"Bien, pues si caben, te apuntas a lo del Air Guitar”.”Vale”. Y se dieron la mano.
Diego la ha cagado. Nunca dos pepsis en un vaso grande (con dos hielos y la rodajita de limón aún quedaba vaso sin llenar) me habían sentado mejor. El tío aún debe estar flipando por el berenjenal en el que se ha metido. Lo estoy ayudando y la verdad es que tenemos preparado un numerito que sin gran parafernalia, y sólo con unos simples cambios en el vestuario, puede dar mucho juego. Un jurado elige a los tres finalistas, y de estos, gana el que mayor número de apalusos coseche (qué friki). Así que damas y caballeros, acompáñennos el sábado 20 de Enero, que cuantos más seamos, más ruido haremos. Y si al final Diego no gana, lo cual es bastante probable porque sólo tiene dos semanas para prepararse, por lo menos nos echamos unas risas garantizadas. Ya sabeis, Sala DZine, en San Sadurniño.
Si os lo vais a perder, tranquilos, prometo fotos, aunque también le haya prometido a Diego que no las haría.







Hablaron y subió el pan