You are currently browsing the monthly archive for Diciembre, 2006.

Esta historia la escribí un día de paranoia total, aunque está basada en hechos medianamente reales. Algunos dicen que está bien, otros que es muy larga. A mí me gusta, y la pongo aquí para que no se pudra en blogger. Si al acabar de leer creeis que es muy larga, teneis mi respuesta en el otro blog.

“Subía las escaleras para casa, feliz porque la familia se iba a la aldea, y me quedaba sólo con Eneko. Lo tenía todo preparado, paquetes de tabaco sin abrir, patatas para freir, y unas películas que me habían devuelto. Al llegar al quinto, miré hacia arriba, y ví que los obreros que me estaban arreglando el tejado, habían dejado sus cosas en la puerta del desván. Yo ya había hecho mis pinitos como arreglador de tejados (y después de mis “obras” el número de goteras aumentó vergonzosamente), y si tal, luego subía a ver cómo les iba quedando. Metí la llave en la cerradura de casa, y dió las mismas vueltas que le había dado al salir, así que lo más seguro era que estos ya no volvieran por aquí y se fueran directamente para la aldea.

Tenía un hambre de mil demonios, así que entré en la habitación como pude, aparté un poco la cama, encontré el cassette y me fuí a la cocina a pelar patatas. Pero al abrir la puerta de la cocina un olor muy fuerte atacó mi nariz. Y ahí estaba Eneko, maullándome avergonzado y bajando la cabeza.
-¿Qué has hecho?¿Dónde te has meado?
Mierda. Abrí la alacena debajo del fregadero y vaya peste. Se había meado en la caja de las patatas. Cuando se enterara mi madre nos iba a matar. Mi cena. Ya no sabía si matarlo yo ahora. Saqué la caja con cuidado para no mancharme, pero me mojé las manos igual. Eneko me maullaba como si estuviera loco. Puse la caja encima de unos periódicos, y lo metí todo en una bolsa grande. Fuí al servicio a lavarme las manos, mientras me cagaba en todos los santos. Eneko debió seguirme, porque por el rabillo del ojo ví reflejada en el espejo la cortina de la ducha, que se movía, y pequeñitos ruidos dentro de la bañera. Siempre se iba a beber a todos los sitios menos a su plato. Las cortinas se movían hacia abajo, seguro que porque el gato las había enganchado con las uñas. Así que sí, ¿eh? En cuanto me seque te voy a enseñar yo a arañar cortinas. Y a mearte en las patatas. Te vía ahogar en la bañera. Cerré el grifo y escuché las llaves en la puerta. Me volví para sacar a Eneko de la bañera (otro motivo para que mi madre nos matara), pero el gato ya debió de darse cuenta, porque había dejado de moverlas. Extendí el brazo para descorrer las cortinas y sacarlo, cuando lo ví en el pasillo, dirigiéndose a la puerta de entrada, maullando. Me quedé paralizado. Si Eneko estaba en el pasillo, ¿quién movía las cortinas?,¿el aire? Lentamente mi mano tocó la cortina, y entonces Eneko se volvió hacia mí en el pasillo, se erizó completamente y lanzó un maullido bajo y prolongado, mirando hacia la cortina, dando un par de pasos hacia atrás. Escuchaba las llaves dando la última vuelta en la cerradura. Eneko bufaba ahora. Lentamente alejé la mano de la cortina, y una sensación de miedo me hizo dar un paso atrás y apoyarme en el lavabo, mientras intentaba distinguir alguna forma dentro de la bañera. Empecé a pensar que alguien había entrado en casa y que se había escondido allí. Mi madre abrió la puerta de la calle. No puedo ni imaginarme lo que debió pensar al vernos. Eneko que ni le hacía caso mirando hacia el baño, totalmente erizado y bufando, y yo con cara de flipado y mirando a la bañera.
-¿Qué haces?
La voz de mi madre me sacó de mi miedo. Todo parecía una tontería y el propio Eneko se giró hacia ella y al verla salió pitando hacia la cocina. Fue como si nos hubieran despertado de una pesadilla idiota. Dí un paso y descorrí la cortina con fuerza dispuesto a darle una paliza a cualquier ladrón muerto de hambre que se hubiera escondido en la bañera. Pero no había nadie.
-¿A qué huele aquí?-Oh, mierda, pensé.

Mi madre pilló un rebote del quince, y con razón. Me dijo que ya podía ir a capar al gato porque lo que estaba haciendo era marcar el territorio, y que si no lo capaba, lo llevaba para la aldea, que en casa no podía estar así y bla bla bla bla bla… Yo le decía a todo que sí. ¿Qué más podía decir? La verdad es que tenía razón, pero me cabreaba que no parara de encontrar cosas malas que soltarme sobre el gato. Y mientras, Eneko escondido en la terraza, totalmente calladito. Mi madre no paraba de hablar y hablar.
-Bueno, qué, ¿para qué has subido?- le tuve que decir.
-Para recoger mi abrigo, que lo dejé en la sala.
-Pues venga. Cógelo y márchate. Ya arreglaré yo esto.
Fui detrás de ella por la casa, y me quedé contra la puerta de la sala, mirando a mi madre por el reflejo del espejo del pasillo. En el sillón al lado de la ventana había un abrigo tirado de cualquier manera, que abultaba bastante. Mi madre lo cogió y volvió a salir al pasillo.
-Dame la bolsa de la basura.
-Ya la bajo yo.
-No seas orgulloso, dáme la bolsa.
-Que ya la bajo yo luego, que he quedado y tengo que bajar igual.
-Bueno, no dejes salir al gato de la terraza.
No respondí y le abrí la puerta a mi madre. Al momento ya me estaba arrepintiendo de no haberle dado la bolsa de la basura.
-Ten sentidiño, ¿vale?
No sé qué tontería le respondí y cerré la puerta. Sí, le tendría que haber dado la bolsa con las patatas, porque no tenía ganas de bajar luego. Maldito orgullo.

Aún con la mano en el pomo, me volví hacia el cuarto de baño. Lo de antes tuvo que haber sido una tontería. Eneko habría salido de la bañera antes de que yo lo viera. ¿Pero porqué bufaría?
Empecé a andar hacia el cuarto de baño. La puerta estaba abierta y la cortina volvía a tapar la ducha. No recordaba haberla cerrado, pero tampoco lo contrario. Qué silencio. La adrenalina nacía desde mi estómago y empujaba mis pies hacia el baño, aunque mi cabeza no estaba tan segura. Descorrí la cortina rápidamente y no había nada. Me volví y me apoyé en el lavabo. Me miré en el espejo y empecé a ponerme caras. Era divertido, y liberaba tensión. Pero pronto no podía dejar de mirar en el reflejo, a la bañera. Un pensamiento infantil y miedoso esperaba que algún zombi se levantara detrás de mí. Procuré que el miedo no me paralizara y salí rápidamente del baño. Se estaba haciendo de noche y tuve que encender la luz del pasillo. El gato me llamaba, encerrado en la terraza. Abrí la puerta de la cocina y después la de la terraza. Eneko seguía maullándome y fui a echarle comida. Después tuve que ir a la nevera para ver qué había para mí. Bueno, pan bimbo y mantequilla para unas buenas tostadas. Eneko salió de la terraza y quiso meterse en la nevera. Lo levanté en el aire cogiéndolo de la piel y lo tiré a un lado. Después empecé a sacarme las botas y él empezó a morderme los cordones. ¿Quieres guerra, eh?

Estuvimos jugando tirados en el suelo un buen rato. Me senté en el suelo apoyado contra la nevera y empecé a boxear con el gato. Y de repente él paró, y se puso a mirar por encima de mi hombro, a la puerta de la cocina. Ya estaba, el zombi estaría acechando y en cuanto yo me diera la vuelta lo vería, sin pestañas, y con sus manos huesudas amenazándome. No me atrevía a girarme y ver si de verdad estaba lo que me imaginaba. Eneko no paraba de mirar hacia la puerta. Yo contenía la respiración. Eneko saltó hacia la puerta y una mosca esquivó el zarpazo. Me volví rápido y allí no había zombi alguno, sólo un gato juguetón y un insecto que revoloteaba y se cagaba en los muertos del gato. La verdad es que el fantasma de la bañera empezaba a defraudarme, y Eneko ahora pasaba de mí, y se divertía intentando cazar la pobre mosca. Cogí una mandarina del frutero y me fuí a la habitación. Aparté la cama para poder sentarme enfrente al ordenador, y me puse un poco de música mientras pelaba la mandarina con total parsimonia.

Fumé y estuve tocando la guitarra hasta que se me rompió una cuerda. Me tiré en cama y fuera empezaba a llover. Me acordé de las goteras y pensé que quizas los tipos del desván ya se habían ido a su casa. Me calcé otra vez, cogí la bolsa de la basura, la bajé al contenedor y a la vuelta, subí al desván. No estaba cerrado, pero tampoco parecía haber nadie. No se veía nada y encendí el mechero, pero la llama me cegaba más que otra cosa, y si levantaba el brazo para apartarlo de los ojos, chocaba contra el techo. Guardé el mechero y saqué el móvil del bolsillo. La pantalla y las teclas alumbraban lo suficiente. Bien, bien, lo habían dejado perfecto, igual de bajito, pero perfecto. Uralita nueva y vigas nuevas, en vez de aquellas de madera que se movían con la cabeza. Me adentré más y ví que había bastante claridad. Me metí en la siguiente habitación y habían puesto uralita transparente. Las luces de la calle iluminaban lo justo, y émpecé a meterme el móvil en el bolsillo, pero tropezó con mi chaqueta y se me cayó al suelo, justo debajo de la transparente. Veía poco, pero me agaché y empecé a palpar, buscándolo. En poco tiempo mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, y la luz de fuera me bastaba. El móvil estaba casi al fondo, entre el techo y el suelo, y como el ángulo se estrechaba cada vez más, tuve que tirarme completamente para cogerlo. Lo agarré justo cuando algo me tapó la luz. Me levanté rápidamente y una viga me dió en la cabeza. Me impresionó el ruido que hizo contra mi craneo. Caí hacia atrás, debajo de la uralita transparente. Me tapé la cabeza con las manos y me retorcí por el suelo. El móvil me volvió a caer. Cómo dolía, en serio. Toqué y parecía que no había sangre. Me senté en el suelo y estaba completamente atontado. No veía nada. Entonces volvió la luz de la calle, miré hacia arriba rápidamente y me pareció que una sombra desaparecía por el lado de fuera del tejado. Empecé a sentir un miedo increible, y un escalofrío bajó desde el golpe de la cabeza hasta los meñiques de los pies. ¿Quién era? ¿Qué era? ¿Realmente había algo?¿Me iba a quedar a averiguarlo? No. Mi mano tropezó con mi móvil, lo cogí y empecé a gatear a toda ostia hacia las escaleras. El golpe me latía mientras cerraba la puerta del desván y llegaba hasta la de mi casa.

Entré en la sala, abrí la persiana y miré hacia arriba. Nada. Y abajo menos. Ni un alma en las calles. Volví a la puerta y eché los tres cerrojos. Apagué la luz del pasillo e intenté ver por la mirilla si alguien bajaba del desván. Nada. Nadie subía ni bajaba para ningún lado. Volví a encender la luz del pasillo y me ví en el espejo y me empecé a reir. Jajaja, un hombretón como yo y estaba completamente cagado. Apagué la luz otra vez y me reté a mirarme en el espejo con la única luz que venía de la ventana de la sala. Durante un rato estuve pensando en espíritus y otros entes raros, y los desafiaba con la mente a que se me aparecieran en la oscuridad, porque este hombretón les iba a dar una paliza de muerte. Justo en el instante en que mi miedo me abandonaba completamente, miré en el reflejo hacia la sala y me fijé en un bulto que había tirado de cualquier manera en el sillón de al lado de la ventana. La oscuridad me engañaba y mi imaginación empezó a darle forma al bulto hasta convertirlo en una persona sentada y mirándome. Pero es que ahora parecía de verdad una persona. El miedo volvía. Luché conmigo para intentar convencerme de que ahí no había nadie. De que Eneko era el que estaba en la bañera, y de que una gaviota o algo parecido estaba en el tejado. Y de que en la sala sólo estaba el abrigo de mi madre… el abrigo que se había llevado para la aldea. Justo cuando iba a encender la luz, vi por el espejo algo que se levantaba del sillón. La persona que yo había creado, estaba ahí realmente. No había sido mi imaginación, estaba levantándose y venía hacia mí. Ni pude encender la luz. Salí corriendo hacia mi habitación, salté por encima de la cama, la cogí por el otro lado y la empujé hacia la puerta, cerrándola. Eso aquí ya no entraba. Me tiré en suelo debajo de la ventana, en el punto más lejano de la puerta y busqué mi movil. Empecé a teclear el teléfono de la policía. Me llevé el movil a la oreja, pero no pasaba nada. Lo acerqué a la luz de la calle y ví que estaba apagado. Intenté encenderlo, pero nada. Sin muchas ganas, me acerqué a la puerta para darle al interruptor de la luz. Pero tampoco se encendía. Le dí arriba y abajo tantas veces que parecía que lo iba arrancar. Y algo golpeó la puerta desde el otro lado. Un bum enorme, y luego otro más grande. Salté al otro lado de la cama y puse mis pies contra el somier y la espalda contra la pared. No podía dejar que la cama se moviera, aunque de todos modos, lo que estuviera golpeando desde el pasillo no sabía lo que era un pomo. Empecé a gritar auxilio como un loco, para que alguien, un vecino o un peatón me escucharan. Con una piedra de cuarzo que me decoraba realmente bien la mesa, empecé a golpear el suelo para que los del 4º se hartaran y subieran. Acabaron los golpes en la puerta, y yo también paré. Entonces empecé a escuchar a Eneko, maullando fuera en el pasillo, después un maullido grave y largo y después un bufido. Después ya no escuché nada. Sí, algo que se estrellaba contra la pared una y otra vez. Luego se caía al suelo. Silencio. Aquello me había matado a Eneko. Lo habría cogido y le habría roto la cabeza contra la pared. Ni me moví. Empecé a llorar como un niño durante un buen rato. Me tapé la cara con las manos y mientras apoyaba la frente en las rodillas, desee dormirme y que mañana sólo fuera una maldita pesadilla.

A las pocas horas levanté la cabeza. Me dolía el golpe y parecía que tenía resaca. Estaba tirado en el suelo, y la cama ya no estaba contra la puerta, sino en su posición natural, es decir, en cualquier otro lado. Miré el móvil y estaba encendido, al igual que el ordenador. Parecía que lo único que estaba mal era yo. Me acerqué a la puerta y le dí al interruptor. Luz. Bien, soy un gilipollas con pesadillas. O en su defecto, alguien había entrado en mi habitación separando la cama de la puerta, sin que yo me enterara. Me inclinaba por lo primero. Eché la mano al pomo y lo giré completamente muy despacio. Más despacio todavía, tire de la puerta hacia atrás. Ninguna mano de zombi me atacó ni ninguna cabeza rara salió de golpe desde el pasillo. Estaba todo oscuro y fui a encender la luz para poder llegar a la terraza y ver cómo estaba Eneko. Pero al dar dos pasos pisé algo blando y caí. Escuché que algo se revolvía en el suelo y un maullido lastimero salía de él. Intenté tocar a Eneko y mis manos resbalaron en un charco de algo y en la cabeza del gato totalmente mojada y caliente. En el desván escuché pisadas rápidas que salían a las escaleras. No, no, no, no. Me levanté lo más rápido que pude y cogí a Eneko, que por lo menos todavía se quejaba. Las pisadas ya llegaban a la puerta, y yo sólo pude pensar en la terraza. Doblé corriendo hacia la cocina mientras pensaba que si aquello había estado en mi habitación, ¿para qué volvía? ¿Qué me quería? Desde luego, viendo el estado de Eneko, nada bueno. Llegué a la terraza y abrí las ventanas. A metro y poco a la izquierda y otro tanto hacia abajo estaba el tejado del otro edificio. Eneko ya sabía lo que era volar, y me acordé que de aquella ya había demostrado tener la cabeza muy dura. Lo lancé hacia el tejado y cayó de lado, pero bien. Oí la puerta de la cocina abrirse. Puse un pie en el alfeizar y luego el otro. Me agarré al aluminio y me entró vertigo. Miré hacia Eneko, que estaba intentando ponerse de pie. Escuché la puerta de la terraza, miré hacia abajo y los cinco pisos que me separaban del suelo, luego otra vez hacia Eneko, que sólo estaba a un metro. Algo tras mi espalda me quería coger. Cogí impulso y salté. Caí en el otro tejado y la humedad y la inclinación me hicieron resbalar hasta la canaleta, donde apoyé un pié. Me volví hacia mi terraza y allí no había nadie. La canaleta se partió y empecé a caer. Mis piernas quedaron en el aire y después me corté el culo y la espalda con el borde de la tubería rota. Y a pesar del inmenso dolor, sólo pensaba en que el suelo se acercaba cada vez más y más rápido. Noté mis huesos salirse de las piernas, mis brazos quedar incrustados en mis costillas y mi cráneo explotar. Y todo haciendo un ruido enorme. Lo último que pude pensar fue que me había cargado el suelo.”

Sí, ya sé que debería empezar a escribir cosas nuevas, pero Leiv no me deja tiempo. Y lo peor es que con Leiv tampoco saco nada claro.

Bueno, para todos no, que tampoco es que me haya tocado el gordo. Cuatro regalitos para mis amigos los internautas, para los que comentan, y a los que les debo algo en el tema este tan chuli de internés.

A David, por haberme metido en este mundillo tan impersonal, un video muy molón, de los que le gusta.

Por tu culpa acabé pillándole el tranquillo a esto del hip hop en castellano (aunque no suelo ir diciéndolo por ahí, ejem ejem)

Bien, a Akin, por haber creado el Clan de los McPotters y haberme acogido en su seno (haaalaaa), le dedico este video que sé que le gusta.

Y también porque gracias a él, conocí gente muy interesante.

A Descalza, por tener un gran sentido del humor, un mejor gusto musical y un enorme talento fotográfico, le dedico un video que igual no le gusta…

…pero como en su día le hablé de ellos… Voy a jugármela, a ver cómo sale.

Y como sobra tiempo y Papá Noel soy yo, pos me voy a hacer el último regalito, porque yo lo valgo.

Algún día publicaré algo sobre esta gente. De momento sus dejo con ellos, y que siga la fiesta. En mi caso va a seguir durante dos semanas. ¡¡Agur, yogures!!

Pues como tengo poco que hacer, me voy a acordar de mi familia, y de cuando mi hermana Esther se traía esas cintas grabadas con grupos raros que sólo ella conocía. Helloween, Iron Maiden, Guns, Bon Jovi, AC/DC… esperad que miro lo que tengo por aquí… The Doors, Platero, Rosendo, Alice Cooper, Nirvana, Heredeiros da Crus (vaya), Manowar y aquella vez que me regaló el Remasters de Led Zeppelin. A partir de aquí fuí investigando hasta encontrar a B-52´s (¿algún problema?), Billy Idol, David Bowie, Brian Setzer, el Boss, Buckcherry, Circus of Power, Creedence Clearwater Revival, Danko Jones, Deep Purple, Dire Straits, Doro (y Warlock), Eagles, Elvis, Faith No More, Faster Pussycat, Foo Fighters, Franz Ferdinand, Hanoi Rocks, Jefferson Airplane (y derivados), Judas, The Kinks, Loquillo, Lynyrd Skynyrd, Motley Crüe, Motorhead, Mott the Hoople, New York Dolls, Pearl Jam, Pink Floyd, Pretenders, Queen, Red Hot, Robert Palmer, Rolling, Roxy Music (¿porqué no?), Scorpions, Sex Pistols, Slade, Status Quo, Steve Miller Band (bah, no están mal, no están mal), Stevie Wonder, Supertramp, Suzi Quatro, The Sweet, T-Rex, Ted Nugent, Terrorvision, The Beatles, Darkness, The Clash, The Who, Thin Lizzy, Tina Turner, Tito y Tarántula (puto Tarantino), U2, Van Halen, Velvet Revolver, Wolfmother, ZZ Top. Y en discos originales, algunos de los mencionados y pocos más. Lo de las bandas sonoras lo dejamos para otro día.

Pero lo que sí que le tengo que agradecer a mi hermana, es haberme hecho escuchar a estos indeseables.

Es que no sabía si poner uno u otro y al final… ¡Qué coño, esto es gratis!

Este post se lo tengo que dedicar al coleguita de la foto, porque si no, no merezco el calificativo de persona. Aquí estamos los dos, en Panxón. Yo aún con las secuelas físicas y mentales (un pendiente colgado de otro, jodor) de mi rompedura de cara contra las rocas, y él, ajeno a fotos, con la vista en el horizonte. Sin perderse nada de lo que hacía su antigua amada, viviendo para ella con auténtica devoción. El problema es que su antigua amada y yo ya empezábamos a vivir el uno para el otro, no de manera oficial, pero no tardaríamos demasiado. Cuando regresamos a Narón, David pudo apuñalarme por la espalda literalmente, pero no lo hizo. Es más, nos lanzó sus bendiciones papales y nos deseó lo mejor. Si yo hubiera visto la situación desde fuera, si hubiera estado en su pellejo, no sé lo que haría, la verdad. Desde aquella pensé que le debía una, y cuando pasó el tiempo, nos reíamos de la situación y nos lanzábamos pequeñas puñaladitas en plan “tío, tuviste oportunidad para devolvérmela” o ” vaya amigo de mierda que hiciste esto” bla bla bla.

Salto en el tiempo hacia delante de cinco años menos un mes. Las tornas han cambiado, y David está felizmente emparejado y yo felizmente desemparejado, pintando en Coruña de noche, enfrente al garito X. Adrián, mi compañero de trabajo, se divierte con la gente que sale del garito a ver cómo se pintan los cuatro pasos del cruce. Hace payasadas, ríe y habla con la gente. Adrián es nuestro relaciones públicas. Jose y yo nos dedicamos a medir y cuando lo único que queda es esperar a que seque, me voy junto a Adrián. Estamos hablando con la camarera, que estaba repartiendo publicidad, y con un tipo que también trabajaba allí. Mientras hablamos y hablamos de cosas de las que ya no me acuerdo, se me acaba el último cigarrillo y le pregunto al tipo si tienen tabaco ahí dentro y me dice que sí y cómo llegar a la máquina. Así que entro en el local casi vacío con mi buzo amarillo cantoso y evito las miradas que provoco. Recto pal tabaco. Pero no puedo evitar mirar a la barra y ver que una chica dentro de la barra, sentada en una banqueta y con cara de aburrida se me queda mirando. Vuelvo a mirar hacia ella, a ver si lo he soñado, pero me doy cuenta de que no, y de que ella me mira en plan “¿qué te pica, idiota?”. Me acerco hacia ella y le digo riéndome “¿Qué tal?”. Belén sale de su empanamiento y me dice “¡Oh! ¡Rafa! ¿Qué fas tí aquí?” Y bla bla bla bla bla de lo típico qué tal todo y qué es de tu vida. Estuvimos hablando un rato largo, hasta que pensé que a lo mejor los pasos ya estaban secos y más que secos. Luego me pregunta que si voy a estar en Coruña en San Juan (cuatro o cinco días después). Yo respondí con un “sí, claro”. Al final quedamos en que ese día volvería a verla y hablaríamos con más tiempo. Salí del garito con una felicidad y una tontería encima…

En realidad yo no quería ir a San Juan, porque al día siguiente era la boda de mi hermana y no me apetecía conducir hasta Coruña y aguantar toda la noche para después dormir un par de horas con suerte, volver a conducir hasta Narón y aguantar a la familia en pleno ataque preboda. Y luego la boda, claro. Pero después de ver a Belén me convencí de que tenía que ir, y si no se duerme, pues no se duerme.

El resto de la semana estuve gilipollas perdido, como la ocasión lo requería. El viernes por la tarde la comitiva naronés llegó a Coruña. Las revistas del corazón nos sacaron fotos y los fans nos pidieron autógrafos, pero en mi cabeza sólo tenía cabida mi plan de ataque, y nada iba a hacer que saliera mal.

Nos juntamos con la comitiva coruñesa, que ya elegirían sitio entre las multitudes de la playa. Inés, la moza de David, vió a unos amigos suyos a pocos metros de nosotros y fue a sentarse con ellos un rato. Yo también había quedado con Dani, un amigo del instituto, y David y Pablo me acompañaron, porque con la de gente que había no encontrar a alguien no era raro. Dani estaba donde tenía que estar y David y Pablo volvieron junto a los otros.

Aquí la noche me confunde. No sé en que orden pasaron las cosas, pero nuestro grupo se movió, David me esperaba en las escaleras para decírmelo, y alguna gente desapareció, entre otros, Inés. La última vez que la vimos estaba bastante borracha así que suponer que ella nos estuviera buscando a nosotros entre miles y miles, no era una opción. David me pidió que me acompañara a buscarla, y yo accedí con la condición de que, en cuanto la encontrásemos, iríamos los tres al garito X. Vale.

Pero no. Se hicieron algunas llamadas, diciendo Inés que fuéramos a tal sitio, que estaría allí. No estaba. Móvil apagado, móvil encendido, tira hacia allí, tira hacia allá, aquí no está, vamos a ese otro lado, tira tú y yo espero aquí, luego vamos para allá, ¿la ves por ahí? otra llamada, pero Inés, si estoy en el sitio que me has dicho ¿dónde estás? bueno, pues voy para ahí, total, para que volviera a llamar y estuviera en un sitio diferente. Así cinco horas. Cinco horas. Y la comitiva naronés que la habíamos perdido. Y yo sin ver a Belén.

David tenía la peor cara que le había visto nunca, la de perro apaleado. Al final me quedé con él en el paso que hay enfrente a Gasthof, por donde todo el mundo salía de la playa y por donde también saldrían nuestros amigos. Yo estaba bajo los soportales, pero él iba y venía de acá para allá, con la capucha puesta, mojándose y mirando entre la gente. Inés ya hacía tiempo que había apagado el móvil. De vez en cuando David me miraba y yo le ponía cara cansada en plan “no, no la veo…”

Llegó la comitiva naronés y se quedaron con él. Ya eran las cinco y Belén debía estar cagándose en mis muertos, así que le dije a Celia que me iba y me dijo “buena suerte”. El cabreo desapareció, y yo ya empezaba a agilipollarme otra vez mientras iba hacia el garito X. Doblé la esquina de la playa, recorrí toda la manzana, me mezclé entre la gente que estaba fuera del garito y cuando llegué a la puerta, ya estaba cerrado. Mierda. Joder, mierda. Pablo me llamó diciendo que se iban para casa, y yo les dije que esperaran, que ahora volvía con ellos…

Qué asco de noche. Y aún encima Inés volvía a dar guerra. Lo peor era que David entraba a trabajar a las dos de la tarde del día siguiente y todo lo suyo, las llaves del coche, la mochila, todo, estaba en casa de Inés. Pero ella no. Había desaparecido del planeta. Lo que pasó después no merece la pena contarlo. A mí y a Celia nos restaban cuatro horas para ir a casa de la comitiva coruñesa, dormir y volver a estar en Narón totalmente despejados.

David finálmente encontró a Inés y Celia y yo nos lo pasamos estupéndamente en la boda.

Un par de semanas después, más o menos, volvimos a pintar cerca del garito X. Como yo tenía una espinita clavada, le dije a Jose que tenía que ir a resolver un asunto e alá fun. Entré en el garito y sólo estaba la camarera que días antes estaba repartiendo publicidad. Me dijo que Belén tenía el día libre. En un arranque de enajenación mental, en plan “no me da la gana de que esto acabe así, sabe dios cuando vuelvo a pisar este garito” le pedí a la camarera papel y boli. Me los dió amablemente y apunté mi nombre y mi número de móvil. Le dije “dáselo, y dile que me perdone por no haber venido en San Juan”. Ella me sonrió y me dijo que muy bien.

Y así acaba este capítulo, aunque habrá más. Jajaja.

Lo del título era por poner algo. Bueno, mientras sigo esperando a que la Persona X me de permiso para escribir la segunda parte del post anterior, si es que algún día me lo da, recupero otra historia que tenía por ahí perdida.

Había una vez cien mil murciélagos metidos en una cueva de 35 metros cuadrados. Y como andaban un poco hartos unos de otros y de tanta nocturnidad, un buen día decidieron convertirse en gaviotas. Sabían que vivía una bruja en el bosque, y fueron los cien mil a visitarla. Pero resulta que la bruja se acojonó al ver tanto murciélago y les tiró ratibrón y los mató a todos.
En el mismo bosque andaba una pareja de erizos, felizmente casada de penalty. Moraban en una madriguerilla a la que llamaban Puercospín Cerrado, elegantemente decorada con cuadros de Sonic. El cabeza de familia, Espinazo, era todo un machote, y su mujer, Espinilla, la más deseada del barrio. Eran la típica pareja de vecinos que son guapos, ricos y con estilo, y a los que siempre les deseas que les pase algo malo, porque eres un envidioso de mierda. Los dos eran negros, muy negros, y el día que nació Espinete, que así le llamaron, el padre no se acababa de creer que le hubiera salido rosa, como el butanero. Espinilla le decía que era normal en los bebés, que ya cambiaría de color con el tiempo.
Pero pasaban los años y Espinete seguía siendo rosa, y Espinazo, el machote entre los machotes, veía como los vecinos y demás gente se reían y murmuraban cuando él pasaba. Así que Espinete nunca encontró amor en su padre. Además había salido enquencle, mu pequeñito, no como papi.
Cuando Espinete se fue haciendo mayor decidió irse de casa, y buscar aventuras. Un día, paseando por el bosque, encontró a una zorra entre el follaje, y se hicieron muy amiguitos. Cada mañana veían salir el sol, paseaban entre las flores, perseguían mariposillas… Al mediodía comían alguna que otra verdurilla, porque matar animales era cruel, se bañaban en el río y se hacían coronas con los capullos de las flores… Al atardecer veían ponerse el sol mientras ella posaba su cabeza sobre los hombros de él, y se contaban historias de países lejanos y exóticos… A la noche, cenaban más verduras y florecillas, y después, follaban como locos.
Y Espinete era feliz lejos del ambiente familiar, porque había encontrado el verdadero amor. Pero un día el príncipe Harry vino montado de rojo sobre un caballo, con una esvástica en el brazo, y un porro en la boca, y disparó a la zorra delante de los ojos de nuestro pobre Espinete. Después la cogió, mientras berreaba como un loco algo así como “I´ve shoot one, I´ve shoot one!” Espinete no supo reaccionar y tuvo que esconderse entre la maleza.
Desde aquel fatídico día, a Espinete sólo lo veíamos tirado en las barras de los bares, pidiendo más y más whisky. Siempre se echaba la culpa por no haber hecho nada por salvar a su amada. Y pasaba las noches llorando en alguna esquina, maldiciendo su vida, la de sus padres y la del príncipe Harry.
PUBLICIDAD
-Jei, maik!
-Jei, llors!
-¿Quieres saber lo último en electrónica, maik?
-No, llors.
-¡Se trata del Orgasmatrón, maik!
-No me interesa, llors.
-Traeme un momento a tu novia, maik.
-Ni lo sueñes, llors.
Y pensaba seguir escribiendo esta chorrada de anuncio, pero se me acabaron las ideas, así que ahí os dejo, coitados imterruptidos.
ESTAMOS LEYENDO: La verdadera historia de cien mil gaviotas que querían ser murciélagos… ¿o era al reves?
Sigamos. Espinete veía como su vida y su salud física y mental quedaban para siempre ligadas a la del príncipe Harry…
PUBLICIDAD
Tipo timbrando en un piso, con micrófono en la mano y cámara grabando.
-Vamos a probar la eficacia de nuestro detergente TRASH ULTRA.
Puerta que se abre y señora que aparece.
-Bueno día. Ay, mi arma, la tele y yo con ehto pelo.
Niño que sale disparado y se abraza a la pierna del tipo.
-¡PAPA!
-Shiquillo, deja en pá ar señó.
-¿No é papá?
Señora metiendo el niño pa dentro.
-No, hijito, no.
Puerta cerrándose.
-¿Cuándo volverá papá?
(Esta es un homenaje (plagio) a una viñeta de Mafalda)
ESTAMOS VIENDO… La historia de dos mil mapaches que querían ser hamburguesas.
Un día apareció un tipo por ahí, rubio, alto y bien presentado. Se llamaba por su nombre, que era el que iba delante de los apellidos. Tenía una extraña afición por meterse talco en la nariz, y un buen día empezó a hablar con Espinete sobre esto y lo otro, y se hicieron compañeros de farra. Una noche conocieron a algo que se hacía llamar Don Pimpón, un tipo enorme, un pesao de narices, que siempre estaba metiéndoles ideas raras a Chemari y a Espinete. La revolución, esto y lo otro. Pero Chemari y el rosa preferían salir de juerga y pasaban de él. Un buen día, llendo de putas, Espinete pilló ladillas, y se tenía que pasar el día despelotado, para que el airecillo le aliviara un poco el picor, y de noche se ponía camisón, para que las ladillas no invadieran las sábanas, porque Espinete sólo tenía un juego de sábanas, en cambio camisones le sobraban. Con el tiempo, una vez curado de las ladillas, no abandonó la costumbre, al igual que un pato al que conoció en un puticlub, que se hacía llamar Donald, que cuando iba por ahí sólo se ponía camiseta, y de noche también se tapaba con el camisón, por que su tío, que era un ávaro de cojones, no le daba más que para un único juego de sábanas. Y si de día no se sacaba la camiseta, era porque tenía complejo de tetudo.
A Espinete al principio le daba igual su cuerpo y el rollo este de cuidarse y tal y cual, pero tenía una idea en mente, y para llevarla a cabo, tenía que comer muchos petisuis.
Le dijeron que empezara a hacer pesas, así que pilló barras, pesos y tornillos y arandelas y fabricó unas pesas guapísimas. Y como le quedaban chulas, fue haciendo más y más pesas. Chemari veía que el chaval hacía pesas sin parar, pero no se fortalecía, así que fueron al médico, y les preguntó: ¿Pero usté realmente hace pesas? Y Espinete dijo que hacía pesas como un loco, y Chemari dijo que era verdad, que él era testigo. Entonces el médico le dijo que a lo mejor si hiciera mucha bicicleta… Espinete compró ruedas y tornillos y arandelas y frenos y cachos de hierro y se puso a hacer todas las bicicletas que su economía le permitía. Pero nada. Seguía estando igual de mierdecilla.
Don Pimpón les dijo que lo mejor para ponerse fuerte era hacer mucha escalada. Espinete pensó que como Don Pimpón siempre estaba borracho, a lo mejor habría querido decir escalera. Y se puso a hacer escalada por los montes y acabó hecho un toro. Llegó a medir dos metros y medio, aunque dicen que la tele engorda mucho. Y por fin, un buen día, se llevó a Chemari a su pueblo, a ver a sus padres, porque llegaba con la idea de que su padre lo viera hecho todo un machote y le quisiera por una vez en su vida. Pero ya no había Puercospín Cerrado, por que lo habían asfaltado todo para hacer una autopista. Y allí, en el medio del asfalto, Espinete vió los restos de sus padres, que habían cruzado la carretera para hacer la compra. Su madre, con la cara aplanada contra el asfalto, le dijo, en un hilillo de voz, que había sido el príncipe Harry, en su descapotable de los sábados, quien les había pasado por encima. Espinete, un bicho rosa de dos metros y medio, clamó venganza contra Harry, una venganza que llevaba tiempo cociéndose.
Yo estaba allí mirando, porque estábamos pintando la autopista, y la verdad es que me acojoné. Pero aproveché la ocasión y le dije al Rupestre: Vés allí y dile que eres el príncipe Harry. Y en cuanto se lo dijo Espinete le dijo que él no era, porque lo había visto mil millones de veces llendo de putas y sabía que no era Harry. Entonces Espinete le preguntó que de parte de quién venía, y Rupestre me señaló y dijo que de parte del chico guapo aquel. Espinete me miró al principio cabreado, pero luego cambió a cara de enamoramiento, y la verdad, para qué engañarnos, a mí me moló que le pusiera, aunque no fuera mi tipo. Así que recogió a sus padres del suelo, aún con las bolsas de Alcampo, y les dijo mientras lloraba que los devolvería al lugar al que pertenecían. Y de una patada los mandó para un campo que estaba siendo abonado, y no al plus, precisamente. El principe Harry, que estaba visitando la autopista como artista invitado, paró a nuestro lado, y me preguntó si tenía papel. Yo le dije que si quería cagar había un bar en la siguiente manzana. Pero me preguntó que si tenía papel de fumar, y yo me indigné todo, porque ni que tuviera yo cara de porrero, oyes. Así que escondí el librillo y le dije que no. Y Espinete apareció a su lado y lo sacó del coche por la ventanilla, y el Chemari intentó pararlo, pero siempre que trataba de agarrarlo por la espalda, se pinchaba. Espinete mató al principe Harry, delante de nuestros propios ojos. Escaparon monte abajo, y Don Pimpón con ellos, aunque no estaba allí, pero si no, no tiene sentido después.

Vino la policía y nos empezó a hacer preguntas y yo dije que no sabía nada y el Rupestre dió nombres, apellidos y D.N.I.s. Yo volví a meterme el de ene i en la cartera, mientras le decía al Rupestre que se estuviera quieto. Espinete, Chemari y la otra cosa, sabiéndose perseguidos, recalaron en un tranquilo barrio llamado Sésamo, pero tuvieron que cambiar sus nombres y sus identidades. Los nuevos eran Hespinete, Chema el panadero, que seguía trabajando en la fariña, y Don Pimpón, que no se lo cambió porque, en realidad, era un policía de la secreta, y no le hacía falta. Y mientras esperaba el momento de trincar a Espinete, recordaba cuando era pequeño, y era un erizo hermosote y negrote, y su hermano recién nacido, un apestoso bebé rosa, le tiró caldo hirviendo por todo el cuerpo y lo dejó irreconocible. Su padre se avergonzaba de él y lo tiró por un barranco abajo. Y en barrio Sésamo se acostaba todas las noches con un cuchillo en la mano, mirando la cama de Espinete, intentando reunir valor mientras escuchaba el ruido lejano que hacía al rebotar en las rocas del barranco: pim… pom… pim… pom… pim… pom…

Óscar, te la dedico. Y si ves que no te gusta, te hago otra peor.

Día de Nuestro Señor

Diciembre 2006
L M X J V S D
« Nov   Ene »
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031

Lo que está sonando en el móvil de Xiana

Ball and Chain, de Janis Joplin. Y vamos haciendo memoria para sacar el Xiana´s Greatest Hits. Pista 1 - House Of The Rising Sun, The Animals Pista 2 - Simple Man, Lynyrd Skynyrd Pista 3 - Girls Girls Girls, Motley Crüe Pista 4 - Even Flow, de Pearl Jam Pista 5 - You Give Love a Bad Name, de Bon Jovi

Flickalo!

medievo betanceiro

medievo betanceiro (33)

medievo betanceiro (32)

medievo betanceiro (31)

medievo betanceiro (30)

More Photos

¡Miao!

Pos esto es todo, amigos. Para cualquier chorradita, por chorras que sea, no os corteis y mandadme un meil de esos a tylerrip@hotmail.com